MADRID | EFE
La obesidad infantil está adelantando a los treinta años patologías que antes eran propias de los ancianos, una situación que, según los expertos, debería hacer reaccionar a todos los agentes que intervienen en la alimentación de los niños, porque éste es un problema social que no sólo atañe a los padres.
El Día Mundial contra la Obesidad, que se celebró ayer, coincide con el debate social abierto en España por la retirada de la tutela a los padres de un menor de nueve años que pesa 70 kilos.
La doctora Elisa Blázquez, especializada en Nutrición Humana y Dietética del Instituto Europeo de la Obesidad, declaró que aunque los padres son los principales responsables de trasmitir hábitos saludables a sus hijos, no depende sólo de ellos el poner fin al sobrepeso que afecta a casi el 28 por ciento de los niños españoles y a más de la mitad de los adultos.
«Sin lugar a dudas el entorno familiar es imprescindible cuando hablamos de una correcta educación nutricional, pero no debemos olvidar que un niño pasa más de la mitad del día en el colegio», comentó.
En un mundo industrializado, prosiguió, es difícil controlar todo aquello que el niño va a observar y aprender en los medios, y un padre o tutor tampoco puede aislar al menor de su entorno.
Por esta razón, hizo hincapié en que debería existir una reglamentación «mucho más poderosa» que controle toda la información engañosa que los niños reciben cada día sobre materia nutricional.
Además de la muerte, el sobrepeso propicia enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, el exceso de colesterol, los infartos cerebrales, los problemas cardiacos y el cáncer.
Alicia Gordillo, doctora en Ciencias Biológicas y especialista en Nutrición y Obesidad, apuntó que en una persona obesa, más especialmente si lo ha sido desde la infancia, aumenta por tres la probabilidad de desarrollar cáncer de colón.