MADRID | EUROPA PRESS
Cerca de 200 millones de niños menores de cinco años que viven en los países en vías de desarrollo sufren malnutrición, una enfermedad que supone la tercera parte de las muertes de estos menores, y que se origina por la desnutrición crónica materna e infantil, según denunció este miércoles el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en un nuevo informe en el que indica que la mayor parte de estos casos se da en África y Asia.
«Más de una tercera parte de los niños que mueren de neumonía, diarrea y otras enfermedades podrían haber sobrevivido de no haber estado malnutridos», afirmó la directora ejecutiva de Unicef, Ann M. Veneman, quien señaló que la malnutrición roba la fuerza física del menor, cuyo cuerpo no puede luchar contra una posible enfermedad.
Los primeros 1.000 días de la vida de un niño son los más críticos en el desarrollo del menor, y las carencias nutricionales durante este período pueden reducir la capacidad para luchar y superar una enfermedad además de verse afectadas las capacidades sociales y mentales del niño.
«Aquellos niños que han sufrido malnutrición suelen tener mala salud a lo largo de sus vidas y ven sus habilidades cognitivas dañadas o limitadas sus capacidades de aprendizaje y las posibilidades de ganar un salario digno», declaró Veneman.
Además, la malnutrición aguda se ve asociada a problemas en el desarrollo mental y suele ser imposible de corregir. Un niño que sufra de malnutrición aguda es probable que a lo largo de su vida sufra de mala salud y bajo rendimiento, así que la solución radica en la prevención.
Asimismo, Unicefindica que se puede conseguir la reducción y la erradicación de la malnutrición, y que ya se han hecho progresos mediante iniciativas como la del suministro de micronutrientes a las poblaciones más vulnerables.
Uno de estos avances ha sido el de dar a los menores sal yodada y suplementos de vitamina A, algo que ha conseguido reducir la mortalidad infantil. Así, en los países en vías de desarrollo el porcentaje de menores que recibían estos suplementos en el año 2000 ascendía al 41 por ciento, mientras que en 2008 ya fue del 88 por ciento.