WASHINGTON | EFE
La estadounidense Elinor Ostrom se ha dedicado al estudio de los modelos de toma de decisión en diversos marcos institucionales, desde los pequeños grupos sociales hasta las complejas redes gubernamentales.
Creció en una época de depresión económica, en una ciudad donde el agua dulce es un bien preciado, por lo que experimentó de primera mano el valor de los recursos naturales y la sostenibilidad desde niña.
Ostrom ha estudiado la forma de auto-organización y cómo se trabaja la gestión a nivel local para mantener los recursos comunes, ya sean naturales, como bosques o lagos, o creadas por el hombre y ha conseguido descifrar algunos patrones en la toma de decisiones que funcionan.
Con sus teorías, destacó el jurado del Nobel, Ostrom ha conseguido «desafiar la creencia convencional de que la propiedad común no está bien gestionada y debe ser regulada por las autoridades centrales o privatizadas».
Doctorada en ciencias políticas y fundadora del Centro para el Estudio de la Diversidad Institucional de la Universidad de Arizona, siempre se ha definido como una economista política, a la que le han apasionado estas dos materias que ha conseguido fundir en torno a sus teorías para mejorar la gestión de recursos.
Según recuerda un artículo de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), para superar un problema de tartamudez Ostrom entró en el equipo de debate en la escuela secundaria, donde aprendió a recitar poesía y algunas habilidades para superarla.
Pese a unos inicios difíciles pronto destacó en la discusión improvisada y se interesó por las discusiones políticas, disfrutaba defendiendo y escuchando las dos partes de las cuestiones políticas, por lo que no fue una sorpresa para su familia que se decantara por esta rama en la Universidad.