AGISO ESTEFANOS | LUIS LIDÓN / EFE
En Agios Estefanos, a 35 kilómetros al noroeste de Atenas, el fuego de los últimos días que devoró casas y coches es hoy un vestigio humeante y lo único que aún arde es el debate vecinal sobre si se pudo haber evitado el desastre.
«Fue un milagro que mi casa no ardiera. De repente, llegó el fuego como un vendaval y arrasó lo que había, pero mi casa se salvó», explicó Christina Zervou, una de las vecinas que pasó la madrugada del domingo en la plaza del pueblo, durmiendo en su coche, después de que las autoridades les instaran a evacuar sus hogares.
«Me dio la impresión de que los bomberos eran muy pocos. Arrojaban agua, pero el fuego surgía por otra parte. Es una sensación angustiosa estar solo ante un incendio tan cerca», agregó mientras barría con una escoba la ceniza acumulada frente a su adosado.
Varias villas y parcelas en la parte norte de este pueblo de 10.000 habitantes, dispersas entre pinares y olivos, se encuentran calcinadas y aún echan humo, mientras que dos vehículos carbonizados se veían aún en la carretera.
«El fuego cruzó el pueblo desde el norte al sur en dirección a la localidad vecina. El viento era fortísimo, no pudimos hacer nada», confesó a Efe el alcalde de la localidad, Panagiotis Vorrias, quien considera que lo más importante es que no hubiera víctimas.
En el Ayuntamiento, sumido en un ajetreo constante para atender a los damnificados, se afirma que se hizo cuanto se pudo, y que se atendió a todos los vecinos que lo pidieron, aunque Vorrias admitió que la cooperación entre las administraciones podría mejorar.
El continuo vuelo de helicópteros y los aviones cisterna para refrescar los montes vecinos recuerdan que los rescoldos siguen siendo una amenaza para esta localidad idílica, escondida entre montañas, pinos, olivos y maleza reseca.
«Aquí la situación era muy difícil por el terreno, pero creo que el fuego lo deberían de haber parado antes», sostuvo otra vecina.