ZARAGOZA | EFE
Dos horas justas es lo que le costó a la Madonna de las mil caras, la indiscutible y polifacética reina del pop, demostrar en Zaragoza, en el último concierto de su mini-gira española, demostrar por qué sigue moviendo a decenas de miles de fans allá adonde va. La erótica, romántica, futurista y polémica Madonna se metió al público de Zaragoza, como ya hizo hace dos días en Madrid, y hace cuatro en Barcelona, literalmente en el bolsillo. La ambición rubia recalaba ayer por la noche en la capital aragonesa en el último concierto español dentro de su gira Sticky & Sweet, y dulce estuvo en ocasiones la diva, pero también romántica, deportista, recatada e, incluso, reivindicativa.