EFE
Para unos la mayor cobardía y para otros el acto más valeroso, el suicidio es una de las principales causas de muerte en el mundo: un millón de casos al año, uno cada 40 segundos, según datos de la ONU.
"Cuando la vida es un mal para uno y no es un bien para nadie, está permitido librarse de ella", escribía Jean-Jacques Rousseau.
Esa fue aparentemente la conclusión a la que debieron llegar el anciano director de orquesta Edward Downes y su esposa, Joan, aquejada de un cáncer terminal, para recurrir a principios de este mes al suicidio asistido en una clínica suiza tras 54 años juntos.
Condenada con firmeza por el catolicismo, el islám o el judaísmo, la muerte voluntaria fue incluso alabada en la Antigüedad, según destaca Carlos Janín en "Diccionario del suicidio" (Laetoli).
Una panorámica en 460 páginas sobre un complejo fenómeno que siempre ha acompañado a la humanidad y que refleja "el instinto de muerte y autodestrucción que opera incesantemente en el ser humano".
Entre los que hacen apología del suicidio, como Baudelaire o Nietzsche, predomina una actitud de rebeldía ante el destino, de rechazo de toda fatalidad y el empeño por mantener el control sobre la propia existencia hasta el último suspiro, una idea de libertad.
Incluso, hay quienes arguyen desde el plano científico: El suicidio -subrayan- empieza ya en las células, se conoce como apoptosis y valió el Nobel de Medicina a sus descubridores en 2002.
Por ahorcamiento, ahogamiento, alcoholismo, armas blancas o de fuego, atropello, envenenamiento, desangramiento, incineración, haraquiri, inanición... los caminos al suicidio son múltiples.
Con armas de fuego se quitaron la vida políticos tan alejados ideológicamente como Hitler en su búnker de Berlín o el chileno Salvador Allende, rodeado por los golpistas en la Casa de la Moneda.
También se pegaron un tiro el escritor Ernest Hemingway, el cantante Kurt Cobain, fundador de Nirvana, el pintor Vincent Van Goht y el periodista Mariano José de Larra.
Con un salto al vacío pusieron fin a sus vidas la poetisa Safo de Lesbos y el escritor judío italiano Primo Levi, mientras que el dirigente nazi Rudolf Hess y Judas Hiscariote se ahorcaron.
Muchas son las sustancias tóxicas que pueden servir para dar el paso al "más allá". El vocalista del grupo de rock The Doors, Jim Morrison; Sid Vicius, líder de Sex Pistols; Janis Joplin, y el ciclista italiano Pantani lo hicieron con una sobredosis de cocaína.
El filósofo griego Epicuro, defensor de la ataraxia (la serenidad absoluta), se quitó la vida con un brebaje, Cleopatra con la picadura de una serpiente, la pintora mexicana Frida Kahlo con morfina y el escritor italiano Cesare Pavese con somníferos.
La cantante Dalila se suicidó con barbitúricos, al igual que la actriz estadounidense Judy Garland, la alemana Marlene Dietrich o su compatriota el realizador Rainer Werner Fassbinder.
Aunque se disfracen como muertes heroicas en el campo de batalla, la de Garcilaso de la Vega o Ernesto "Che" Guevara son suicidios en su versión de sacrificio, según Janín, quien incluye en esta categoría a Jesucristo y a buena parte de santos del cristianismo.
También está el suicidio crónico, llevado a cabo por los adictos a las drogas o al alcohol, como los pintores Modigliani, Toulose-Lautrec o Jackson Pollock y los escritores Edgar Allan Poe, Rubén Darío y Joseph Roth, mientras que en el polo opuesto están los que se matan por inanición, como el escritor checo Franz Kafka.
Los suicidios rituales, bastante frecuentes en las civilizaciones de la Antigüedad; por inmolación o los suicidas-terroristas, como los que protagonizaron los autores de los atentados del 11 de Septiembre figuran también en el Diccionario de Janín, quien se hace eco de las muertes fruto del acoso, ya sea mediático, laboral o escolar.
Una versión reciente es el cibersuicidio, protagonizada por gente que queda por internet para quitarse la vida juntos.
Y ya rizando el rizo está el ecocidio o suicidio ecológico, término con el que se designa al "suicidio total" de la especie humana mediante la contaminación o el uso del arma nuclear.