El análisis realizado a los restos del avión de Air France que se precipitó al Atlántico el pasado 1 de junio cuando cubría la ruta Río de Janeiro-París con 228 pasajeros a bordo indica que «no se destruyó en pleno vuelo» y que parece que «chocó con la superficie del agua en línea de vuelo con una fuerte aceleración vertical», según el primer informe preliminar presentado ayer por la Oficina de Investigaciones y Análisis (BEA, según sus siglas en francés).
El responsable de la investigación, Alain Bouillard, explicó en rueda de prensa que la investigación continúa y que se seguirán buscando las cajas negras del aparato hasta el próximo 10 de julio. Recordó, en este sentido, que las balizas emiten durante 30 días pero que se prolongará su búsqueda diez días más para intentar encontrarlas.
Luego, a partir del 14 de julio, arrancará una segunda fase de búsqueda «con otros medios y siguiendo otros métodos». La búsqueda submarina aun en curso se centra en una zona de 70 kilómetros pero hasta ahora ha sido «infructuosa».
Incoherencia en la velocidad
Asimismo, indicó que el análisis de los mensajes Acars (Aircraft Communications Adressing and Reporting System) del avión siniestrado indican una «incoherencia en la velocidad medida» por los sensores, aunque destacó que estos sensores, llamados 'pitots' son «un elemento pero no es la causa» del accidente del avión.
«Son el primer eslabón de la cadena anemométrica y sospechosos de estar en el origen de esta incoherencia en la velocidad, pero hoy es uno de los de los factores, no el único», dijo el investigador. Air France ha tenido en total nueve incidentes con los pitot, entre mayo de 2008 y marzo de 2009, ocho de ellos en aviones de larga distancia A340 y uno en un A330.