JUAN PALOP/EFE
El calor es tan asfixiante en el claustrofóbico interior de la barca que cubre la ruta entre las islas de Ternate y Tidore, en las Molucas, en el noreste de Indonesia, que la humedad ambiental hace "sudar" a las paredes.
En la embarcación se aprietan una docena de pasajeros, pero el piloto, que asoma la cabeza de vez en cuando para recontar a los viajeros, hace cuentas: a 8.000 rupias el pasaje (80 centavos de dólar o 50 céntimos de euro) y no se da por satisfecho.
Finalmente, dos personas más suben y se acomodan en los dos bancos corridos de los laterales y hacen un hueco para sus bultos en un mar de cajas de cartón, bolsas de la compra, maletines, mochilas y otros cachivaches.
El piloto, en chancletas y con una colilla generosa colgada de los labios, arranca y el bote abandona el puerto entre tosidos bronquíticos, pero apenas avanza un centenar de metros y se para: la embarcación está a la deriva.
Tras varios minutos de incertidumbre, otra "speed" (del inglés, velocidad) se acerca a recoger a los pasajeros, que saltan de una barca a otra y prosiguen su viaje sin alterar el gesto, porque ésta no es ni la primera, ni la última vez que les acontece algo similar.
Situaciones así se repiten casi a diario en Indonesia y ponen en peligro vidas humanas y lastran el desarrollo económico del país.
Los flagrantes fallos del transporte marítimo en Indonesia provienen, según los expertos, de una inversión insuficiente, de un pobre mantenimiento de la flota y del incumplimiento de las normas de seguridad y sobrecarga.
Los economistas han repetido en diferentes ocasiones que Indonesia, como India, nunca alcanzará las cuotas de crecimiento de China si no afronta y soluciona este "cuello de botella" crítico de su economía, las infraestructuras.
En este sentido, el Ejecutivo indonesio aprobó en enero un plan de estímulo para reactivar la economía dotado con 6.310 millones de dólares (4.615 millones de euros), de los que una gran parte se dedicarán a la construcción de infraestructuras.
No obstante, la tasa más insoportable para el Gobierno y para los ciudadanos es la de vidas humanas, ya que casi todos los años son varias decenas los fallecidos en accidentes marítimos.
Este enero, el transbordador "Teratai prima" se hundió entre las islas de Célebes y Borneo dejando más de 300 desaparecidos, 35 supervivientes y tan sólo nueve cadáveres recuperados.
A pesar de la peligrosidad y lentitud del transporte por mar, la mayoría de los indonesios no puede permitirse lo que cuesta un billete de avión para desplazarse entre islas.
Los vuelos, por lo general, son al menos diez veces más caros, fuera de alcance de la mayor parte de población en un país con 100 millones de personas viviendo con menos de dos dólares al día.
Además, los aviones tampoco están a salvo de siniestros en Indonesia, uno de los países cuyas aerolíneas están en la lista negra de la Unión Europea.
El último ocurrió la semana pasada, cuando un avión militar se estrelló en el este de la isla de Java y murieron un centenar de personas, entre ellas niños y mujeres familiares de soldados.