REDACCIÓN | EFE
Multitud de cineastas de todas las nacionalidades han situado sus historias en Manhattan pero ninguno ha retratado este distrito neoyorquino como Woody Allen, que con la película estrenada hace ahora 30 años le regaló una declaración de amor en toda regla. En 1979 Allen ya se había ganado un gran prestigio con películas como ´Toma el dinero y corre´ (1969), ´Bananas´ (1971) y, sobre todo, ´Annie Hall´ (1977), un filme con el que ganó dos de sus tres Óscar, como director y guionista. Con ese bagaje, el neoyorquino decidió arriesgarse con una película bastante inusual ya que partió de su amor por Manhattan y por la música de George Gershwin, y además eligió rodarla en blanco y negro para darle un aire casi irreal.