ROMA | AGENCIAS
Una semana después del gran terremoto que acabó con la vida a cerca de 300 personas en el centro de Italia, la tierra sigue temblando en la península. Hasta 10.000 réplicas del seísmo se han registrado desde entonces; la última, en la noche de ayer, un movimiento de magnitud 4,8 en la escala abierta de Richter que también ha podido sentirse en la capital italiana. Aunque de la gran cantidad de réplicas sólo queda constancia en los instrumentos de medición, el miedo sigue patente en la población de la zona, que ha visto como los escombros siguen ofreciendo un escenario de catástrofe que en miles de casos impedirá volver a una vida normal hasta dentro de semanas.
El seísmo que, al parecer, tuvo de nuevo como epicentro la población de L´Aquila, en la región de Los Abruzzos, estuvo precedido de varios temblores minutos antes.
Esta realidad llega, además, horas después de que unos desaprensivos explotaran este miedo de la población avisando de un nuevo e inminente terremoto. Para ello se sirvieron de un vehículo con el que recorrieron varios barrios de Roma al grito de ´Salgan a la calle, hay una sacudida de un terremoto y viene otra´.
Reconstrucción
El anunció, que se realizó a través de un megáfono, despertó a los habitantes de Prati, que sintieron como la historia se volvía a repetir. Los vecinos de la Piazza Mazzini y sus alrededores salieron a la calle y vieron como el vehículo, ataviado con el logo oficial de los coches de Protección Civil, anunciaba la llegada de una nueva réplica.
Cuando el miedo y la angustia pasaron, algunos de los afectados comenzaron a llamar a la centralita del servicio y a Defensa Civil que negaron la existencia de dicha alarma.
Una semana exacta después del terremoto que en la madrugada del pasado lunes sacudió el centro de Italia, los habitantes de la región de Abruzzo intentan recomenzar sus vidas y dejar atrás el balance de la tragedia, que asciende a 294 muertos, más de mil heridos y cerca de 50.000 evacuados. Entretanto, la lluvia, el viento y el frío caracterizaron la jornada de ayer en la zona del seísmo, donde los servicios de Protección Civil intentaban suministrar a los damnificados estufas y mantas para calentarse. Por el momento, el 50 por ciento de los edificios inspeccionados no son habitables o presentan problemas.
Estas circunstancias hacen todavía más difícil la ya precaria situación en que se encuentran los más de 25.000 evacuados que se han quedado sin casa y están viviendo en campamentos provisionales.