Suelo escribir temas sobre mitología griega. Leo casi cada día algo de ello porque es el núcleo central de la cultura europea. Hoy hablaré de Perseo, uno de los grandes héroes. La pintura y el cine nos han dejado numerosas muestras de quiénes fueron estos personajes. Veamos.
Zeus, omnipresente señor, era un mujeriego irredento, se hizo a diosas, ninfas y doncellas de humano linaje. Danae era una mujer hermosísima, y Zeus se enamoró de ella. El padre Acriseo, alertado por un oráculo, la había encerrado a cal y canto, pero de nada le sirvió. Nació Perseo, hermoso, inteligente y hábil, naturalmente. El padre de Danae, furioso, metió a la madre y al niño en una caja blindada y la tiró al mar. (En el Ermitage hay un cuadro de Rembrandt, con Danae, desnuda, en la cama abordada por una misteriosa y sutil lluvia de oro (Zeus). La caja con los infelices prisioneros llegó hasta la isla de Serifo, cuyo rey se enamoró de Danae, pero ella lo rechazó. Entonces, Polidectes dijo: «O mía o de nadie». Y la convirtió en su esclava. Entretanto Perseo creció con los dones heredados de su padre, además tenía la ayuda de todos los dioses, sobre todo de los dos cerebritos olímpicos más agudos, Atenea y Hermes. Perseo, para `comprar´ la libertad de su madre, mató a la Gorgona, la Medusa más terrible, a quien nadie podía mirar en directo porque se convertía en piedra. Con los instrumentos y armas que le regalaron los amigos de su padre, sobre todo un espejo, una espada, y después la cabalgadura de Pegaso, mató a la Medusa y la decapitó metiendo su sangrante cabeza en un saco. Por cierto, la terrible testa conservó la cualidad de petrificar a quien la mirase de frente. Perseo tuvo también que vencer a las Greas, hermanas de las Gorgonas, que eran tres y tenían un solo ojo para ver y un solo diente para comer. En pago a esta victoria, las Ninfas donaron al héroe con un casco que le hacía invisible, una alforja mágica y unas sandalias aladas. Con estas maravillosas armas y siempre asesorado por Atenea, Perseo marchó a Mauritania, donde su rey Atlante, avisado, no quiso darles asilo. Éste, valiéndose de la cabeza de Medusa le convirtió en una cadena de montañas, que tomó su nombre. Perseo siguió su viaje, atravesó Libia y llegó a Etiopía, en donde descubrió a la hermosa Andrómeda, que, encadenada a las rocas para ser devorada, era la víctima propiciatoria con que el pueblo se libraría del castigo del monstruo marino, enviado por Poseidón. Perseo, enamorado de Andrómeda (y viceversa) la liberó, se casó con la chica y se la llevó a Grecia, donde se celebraron grandes fiestas. Perseo devolvió el trono a Acriseo, pero en cumplimiento del oráculo éste murió por un disco, lanzado sin intención por Perseo. (Rubens tiene en el Prado un hermoso cuadro, con la liberación de Andrómeda). Fundó Micenas y su numeroso linaje es el de los perseidas.