Eivissa | Fernando de Lama
Roberto Segura (Badalona, 1927) se parte de risa cuando relee algunos de los chistes que ha publicado a lo largo de su carrera -que ya se acerca al medio siglo- o cuando cuenta sus aventuras juveniles en Formentera o las anécdotas en la mítica Editorial Bruguera, en la que trabajó 30 años: «Era un tira y afloja constante con el editor, que siempre estaba llamando para meter prisa para que acabara las historietas. Pero yo siempre entregaba tarde, como recordaba años después el gran Perich».
Segura, como solía firmar, es uno de los últimos dinosaurios de la historieta española, del tebeo de siempre, junto con Ibáñez y pocos más: «Debo ser uno de los decanos -asegura-, después de la muerte del pobre Raf, porque la mayoría ya se han ido».
Aunque se jubiló en 1992 nunca ha dejado de dibujar, pero hace algunos años que no publica: «Ahora todo es manga y Disney y los historietistas clásicos ya no contamos -dice con tono amargo pero sin perder la sonrisa-. Estoy en el dique seco. En el cómic actual yo creo que se echa de menos un poco de humor más nuestro, porque todo es americano y japonés. Es una lástima».
`Rigoberto Picaporte´
La carrera de Segura, conocido por clásicos como `Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte´, `La alegre pandilla´ o `Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón´, comenzó muy pronto: «Me viene de cuna -asegura- . Desde pequeñito siempre andaba pintando por las paredes, hasta que entré en la escuela de Artes y Oficios de Barcelona en 1942. Pero a finales de los 40, en esa España espantosa, era difícil vivir de esto. Estudié cálculo mercantil, mecanografía... me dediqué al pluriempleo, como todos, y los domingos pintaba».
Llegó la mili y allí siguió dibujando: «Chicas ligeras de ropa, para los compañeros». Al licenciarse comenzó a recibir encargos publicitarios y a publicar chistes en diferentes revistas mientras trabajaba en una fábrica de sostenes. Hasta que en 1957 le llegó la gran oportunidad: varios de los principales dibujantes de Bruguera, como Escobar o Giner, se habían marchado por problemas con la editorial y fue contratado gracias a la intervención de Carlos Conti.
Bruguera era entonces la mayor factoría de revistas de historietas de España y sus dibujantes han marcado un hito en la historia del `octavo arte´. Segura formó parte de lo que hoy se conoce como la `Escuela Bruguera´ -término que acuñó Terenci Moix-, junto a nombres míticos como Ibáñez, Vázquez, Peñarroya, Escobar, Jorge, Jan, Raf y muchos otros, que hicieron reír a varias generaciones de niños.
Desde ese momento y hasta la desaparición de la editorial, en 1986, publicó miles de chistes e historietas -sólo de `Rigoberto Picaporte´ más de 800- en varias de las cabeceras de la empresa, como Pulgarcito, DDT, Can Can, Tío Vivo, Mortadelo o Lily, revista para niñas en la que era autor del personaje principal. En ellas fueron apareciendo sus personajes, como `Rebóllez y señora´, `El capitán Serafín y el grumete Diabolín´, `Pepe Barrena´, `La Panda´, `Laurita Bombón, secretaria de dirección´... de los que era autor de los dibujos y, en la inmensa mayoría, también de los guiones.
Las portadas del TBO
Tras el cierre de Bruguera, Segura pasó a Grijalbo y después a Ediciones B, que había adquirido los fondos de Bruguera y era propietaria de los derechos del TBO, para la que creó sus últimos personajes: `Don Roge y Doña Lisístrata, que con sus hijos meten la pata´, y en la que hizo multitud de portadas, siempre fiel a su estilo dinámico de trazo rápido. Su obra más reciente es el cómic `Pirates a l´atac´, que hizo para ilustrar la fiesta del desembarco pirata de Premià de Mar, su pueblo de adopción, en el que trabajó sobre un guión del escritor local Albert Calls i Xart.
Desde que se retiró, Segura pasa largas temporadas en Eivissa, donde ha llegado a publicar chistes en la revista de la Llar de la Pau, y ha vuelto a su gran pasión: la pintura. «Ya no hago historietas, así que me dedico a la pintura y el dibujo artístico. Hubo unos años que tenía tanto trabajo que no podía pintar, así que ahora estoy recuperando el tiempo perdido. De todas formas nunca lo he dejado del todo, he ganado algunos premios y sigo perteneciendo a la Agrupació d´Aquarel·listes de Catalunya. Esta es una profesión que no se abandona en la vida».