QUITO | EFE
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que según los resultados parciales de las elecciones del domingo, fue reelegido con más del 50 por ciento, aseguró ayer que a su Revolución Ciudadana «nada ni nadie la detiene».
En una conferencia de prensa con medios extranjeros, Correa, que afirmó que su victoria era un «baño de legitimidad democrática», reiteró que «lo que ha hecho el pueblo ecuatoriano ayer es ratificar un proyecto en marcha de la Revolución Ciudadana».
Se refirió sobre todo a la necesidad de profundizar en ese proyecto de cambios que inició en enero de 2007, cuando asumió en elecciones la Presidencia ecuatoriana, un proyecto, dijo, «encaminado hacia el Socialismo del Siglo XXI».
«Los resultados nos han favorecido ampliamente (y) esto nos da un gran espaldarazo político para seguir profundizando en los cambios (....) más radicalmente, más aceleradamente», afirmó.
En su opinión, el cambio institucional «comenzó con la nueva Constitución», que él promovió y que fue refrendada en septiembre de 2008, una «revolución social» que exige reformas para rescatar con una «economía popular y solidaria» a un sector que han hecho invisibles «las políticas públicas».
Con su previsible reelección, a la espera de los datos finales oficiales, Correa aseguró que su proyecto puede «avanzar con mayor fortaleza en estos cambios», pero, advirtió, «fuera del sistema capitalista» y «dentro de un sistema del Socialismo del Siglo XXI».
Volvió a atacar a sus dos principales contendientes en las elecciones, el multimillonario Álvaro Noboa, al que citó en varias ocasiones como «Alvarito», y al ex militar y ex presidente Lucio Gutiérrez, que aún no ha reconocido su derrota.
«La oposición nos quitó un voto, se comieron entre ellos», dijo, porque la derecha y la banca le retiraron su apoyo a Noboa y «le apostaron todo a Gutiérrez», a quien calificó como una persona «con graves limitaciones morales e intelectuales», para «tratar de boicotear la Revolución Ciudadana».
Salvo esas excepciones, aseguró, «siempre hemos llamado a un acuerdo nacional», pero «sin claudicar de nuestros principios» porque, argumentó, «tenemos el 70 por ciento de aceptación de nuestra gestión».
«Siempre tenemos un 25 por ciento en contra, hagamos lo que hagamos, y otro 15 por ciento al que aún no hemos podido atender, presa fácil de demagogos», y que, añadió, supone «el desafío» de su gobierno para «los próximos cuatro años».
Sobre el conjunto de América Latina, sostuvo que «es la región con más desigualdad del mundo, y Ecuador uno de los más desiguales, donde al lado de la más insultante opulencia se puede ver la más intolerable miseria».
Para cambiar esa situación, Correa consideró necesaria una verdadera integración regional, «buscar esa patria grande» para la que se comprometió a trabajar en los próximos cuatro años.
Explicó que «uno de los grandes errores del enfoque integracionista en los últimos años fue la integración comercial basada en el absurdo de la competencia» porque, en su opinión, se deterioró «el nivel de vida de nuestros ciudadanos y se benefició con productos nuestros más baratos el primer mundo».
A su juicio lo que se requiere es un «diferente enfoque» de la integración en la que prime la «coordinación, la complementariedad y la cooperación».
En ese sentido se refirió a que «no es posible democratizar el sistema capitalista» y abogó por cambiar de sistema para no depender de las instituciones tradicionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, que han servido «para someternos».
«Estamos avanzando», dijo, para crear, dentro de la alternativa bolivariana para América, impulsada por el presidente venezolano Hugo Chávez, «el sistema único de cooperación regional (SUCRE)», para las transacciones comerciales.