EIVISSA | JAVIER ORTEGA FIGUEIRAL
La primera llegada se producirá a las siete y media de la mañana de hoy, cuando el `Thomson Celebration´, de 214 metros de eslora, entre a puerto para quedar amarrado en el dique de es Botafoc. Cinco horas después el práctico saldrá a buscar a mar abierto al `Grand Voyager´, de 180 metros, para acompañarle hasta el muelle de Levante, donde quedará amarrado durante 28 horas. La presencia de ambos barcos animará considerablemente los muelles de un puerto que vive un otoño bastante tranquilo.
El barco de Thomson, que pertenece a la multinacional TUI, es un elegante buque diseñado a principios de los 80 en los astilleros Chantiers de l´Atlantique (Francia) por encargo de la Holland America Line, la compañía holandesa que por entonces se encontraba en plena transición desde el servicio de líneas regulares de pasajeros a la conversión de todos sus buques en barcos de crucero. El Noordam fue el primer barco que encargaron específicamente para este mercado. Su entrada en servicio se remonta a 1984.
El barco lucía un casco de color azul muy oscuro, característico del armador, hasta que en 2005 se decidió su retirada al estarse construyendo un nuevo barco que iba a ser bautizado con el mismo nombre, pero de dimensiones y capacidades mucho mayores. El antiguo Noordam, en excelente estado, fue adquirido por la griega Louis Cruise Lines, especialista en barcos de segunda mano (generalmente suelen ser de tercera o cuarta) y lo alquiló a Thomson Cruises, una de las divisiones de este operador turístico que más ha crecido en los últimos tiempos.
El nuevo operador, que vende un producto de precios bastante ajustados para el mercado británico, tiene la suerte de poder ofrecerlos en un barco que hasta hace muy poco ofrecía cruceros de lujo, por lo que sus instalaciones son de primera calidad, como un pequeño restaurante a la carta, apartado del principal comedor que desde el año pasado está regentado por el chef Aldo Zilli, un italiano que es toda una celebridad gastronómica en Reino Unido. El buque tiene varias suites y 600 camarotes de unas medidas mucho mayores que en otros barcos similares. De su anterior etapa también ha heredado un bar muy acogedor, el Hemingway -recordemos que su nombre no tan sólo es conocido por la literatura- y el salón observatorio, una zona frecuente en los barcos transatlánticos que se ha ido perdiendo en los cruceros de nueva generación a favor de áreas que invitan menos a la reflexión y más al consumo.
Mil pasajeros a bordo
El Celebration, con su chimenea pintada del característico azul TUI, estará en es Botafoc hasta bien entrada la noche. A las 23 horas zarpará con 1.000 pasajeros destino a Palma. A mediodía, desde su cubierta podrá verse la entrada a puerto del `Grand Voyager´, un barco moderno -construido en Alemania en 2000- que opera la española Ibero cruceros, la filial marítima de Iberojet, que a su vez pertenece a la corporación Carnival, un monstruo -por su tamaño- del sector de los cruceros que además de operar 23 grandes barcos-resort controla otras diez compañías dedicadas al mercado de los viajes de placer en barco.
El `Grand Voyager´ fue botado hace ocho años en Grecia como Olympic Voyager, por encargo de una compañía local de muy corto recorrido que no pudo hacer frente a su coste y quebró. El barco se diseñó precisamente para realizar cruceros por el Egeo con una diferencia frente a otros existentes: su velocidad (28 nudos, mayor que cualquier buque competidor), permitía poder visitar más islas y puertos en menos tiempo o llegar más pronto para disfrutar más horas de las escalas.
Además de su velocidad, el nuevo operador heredó buena parte de la decoración original del barco, muy tematizada en la zona donde originalmente iba a operar el barco, como los poemas griegos y chipriotas que hay en varios tramos de las escaleras interiores. Todas las zonas comunes están concentradas en un solo puente: sala de fiestas, piano bar o el inevitable casino.
El alojamiento se divide en tres tipos de cabina, las estándar, las superiores y finalmente doce suites, que curiosamente siempre son las primeras que se acaban, ya que suelen ser copadas por parejas en luna de miel que quieren permitirse un capricho especial, como especial puede ser pasar toda la noche en una suite o camarote al pie de Dalt Vila, una circunstancia que atrae a buena parte de los 800 pasajeros que transporta el barco, que estará en el puerto hasta las cinco de la tarde del jueves, cuando zarpará.