EIVISSA | PABLO SIERRA
Todo instrumento musical necesita un par de manos que sepan tocarlo con maestría. Si el instrumento en cuestión es un violín Stradivarius, fechado en 1732, la necesidad de dos manos prodigiosas se hace completamente necesaria. La violinista coreana Yoon-Hee Kim tiene la suerte y el privilegio de poseerlas, además de una fuerza espiritual que rezuma música. Con solamente dieciséis años, Kim es toda una estrella en el panorama de la música clásica a nivel internacional y el sábado en Sant Carles demostró el porqué.
Con un vestido de tonos amarronados, Kim salió al escenario del Centro Parroquial de la localidad ibicenca con una amplia sonrisa en la boca y un desparpajo y resolución impropios para su edad. La coreana arrancó el recital con `Introducción y Rondó Caprichoso´, de Camille Saint-Säens, y se metió al público en el bolsillo desde el primer golpe de arco.
La erguida figura de Kim contrastaba perfectamente con la de la eslovaca Tatiana Franova, que la acompañó al piano de manera excelente. La veterana pianista, vestida de un negro rigurosísimo, dio una verdadera lección de acompañamiento musical, completando las bellas armonías que desgranaba el Stradivarius.
Tras Saint-Säens, sonó la `Sonata para violín solo en re menor´, de Eugène Ysaÿe. La primera parte concluyó con la obra más aplaudida: `Fantasía de concierto sobre Carmen´, es decir, la interpretación que hizo el violinista y compositor español Pablo de Sarasate de la famosa ópera de Georges Bizet.
Los ritmos hispánicos marcaron el ambiente y Kim desplegó su depurada técnica para envolver su interpretación de los matices sentimentales apropiados.
Una vez acabado el descanso, la pareja musical volvió a subirse a las tablas para concluir la actuación con el `Concierto para violín en re menor´, de Aram Khachaturian. El público vibró de tal manera con los pizzicattos y sttacattos de Kim que no dudó en aplaudir entre tiempo y tiempo, provocando una sonrisa en la cara de la coreana.
Reverencias, ramos de flores y para acabar de nuevo Sarasate, el violinista admirado por Sherlock Holmes.