Todo cuanto escribo me parece corto, absurdo, insuficiente cuando va dirigido a un ser con tanta fuerza, tanta experiencia, tanto saber... Sus letras me han acompañado desde que vivo en Ibiza.
La protagonista fue la profunda soledad narrada desde el corazón y la voz rasgada de Llanos Lozano. Dicen que las letras muchas veces huelen a miedo se sienten en silencio; la voz amigable que hablaba desde el corazón adiestraba al más frío para sorprenderte de golpe y hacerte estremecer, así me hizo sentir su gran amiga.
Su entrada me emocionó. Creo conocerla un poco; si es verdad que desde los libros, las letras y los artículos puedes acercarte al alma del escritor, he de decir que sí conozco un trocito de su alma que tantas veces ha expresado el vacío intenso de aquella soledad que ella dice no poder quitarse.
La vista hacia delante se me compuso de pausas... y esa tranquilidad que se respiraba, tal vez porque olía a despedida, no dejaba de insistir en no olvidar seguir enamorada. Se interpuso la música, esa que lagrimea mi rostro, esa que ondea el fino aire ahuyentando el olvido, retrasando la pena que cae lentamente en el recuerdo.
Dejé mi mente abierta y aspiré fuerte mientras hablaba...mis torpes y traviesos pensamientos querían irse un rato con ella, exprimir sus palabras que para mí son maestras.
Aquello acabó pero sentí que aún quedaba mucha vida en ella.
Deseo compartir mi tiempo leyéndola, compartir su miedo, su tristeza, su alegría y esa soledad que a veces incluso puede llegar a ser hermosa, cómo no, leyendo sus libros.