ALBERTO FERRER
Comprar cerca es lo más inteligente. En primer lugar para uno mismo, porque los productos serán de temporada, sin forzar su maduración, y requerirán menos tiempo en la cámara frigorífica, por lo que llegarán a nuestra mesa con sus cualidades naturales mucho menos alteradas. Pero también es lo más responsable para el planeta, porque al eliminar los costes de hacer llegar una humilde hortaliza desde la otra punta del globo hasta las estanterías de nuestro supermercado más cercano tiene un coste en gases de efecto invernadero que se alejan de lo razonable. Al menos así lo cree Amics de la Terra, que en el Día de la Tierra de ayer, que celebraron en Santa Eulària, quisieron hacer hincapié en la repercusión de estos ´alimentos viajeros´ en el calentamiento global.
Nada más llegar al estand de los ecologistas, el visitante se encontraba con un póster con productos agrícolas, similar al de cualquier comercio, en el que en lugar de su precio en euros, había que acertar el coste en emisiones de CO2. Así, los insípidos aguacates que uno se come procedentes de Israel cuestan 540 gramos en emisiones el kilo; el kilo de queso Holandés se paga por encima del cuarto de kilo de emisiones y las naranjas de Suráfrica se disparan por encima de los mil gramos de emisiones. Un precio prohibitivo para la Tierra.
«Queremos concienciar de la importancia de abastecerse de los productores locales», comentó Sònia Torres, a cargo del Área de Agricultura de la ONG. Conocer los productos de temporada ayuda a elegir los más frescos «y los que estarán mejor de precio».
Los ecologistas del GEN, por su parte, informaron de las campañas que actualmente desarrollan: ´Prou´, que reclama el final del manejo depredador del territorio que hace la Administración y ´No a la nostra costa´, que rechaza la revisión de la ley que ampara el litoral.
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