El técnico de Cultura del Ayuntamiento de Santa Eulària, Antoni Tur, ´Sendic´, tiene muy claro que el río no ha desaparecido, por más que no se vea en su último tramo, sino que sigue fluyendo por el subsuelo y jamás ha dejado de hacerlo. Lo justifica apuntando que el acuífero de la zona siempre se ha mantenido y en niveles de calidad aceptables. El caudal a través de siete pozos que surten la red de distribución abastece el consumo humano de Cala Llonga, Roca Llisa, Can Fita y todo el núcleo urbano de la villa del río con sus barrios, desde Can Guasch hasta Cas Capità y el polígono deportivo. A pesar de la riqueza del acuífero, un aumento ascendente del consumo a partir de los años sesenta, con la instalación de numerosas motobombas en el subsuelo, el desarrollo urbano propiciado por el turismo y largas etapas de sequía llegaron a motivar la desaparición del flujo fluvial en toda el área de su desembocadura; el río se había dejado de ver. En los últimos años ha reaparecido esporádicamente, haciéndose visible en varias ocasiones. ´Sendic´ cree que esto se ha logrado por el abandono del campo (y con ello del regadío) por parte de muchos payeses y debido también a un cambio de mentalidad de la ciudadanía, que aplica medidas de ahorro. «La esperanza que nos queda es que llegue la desaladora y se deje de sacar agua de los pozos, y el río reaparecerá», asegura el técnico.