IBIZA | RAQUEL SÁNCHEZ
Exactamente esa exclamación, «¡Habemus rampa!», fue la que pronunció ayer el capellán de Santa Eulària Vicent Ribas poco antes de que concluyera la homilía en honor a la patrona. Se refería a la rampa de acceso al templo que por fin el Consell ha anunciado que se construirá, de forma que se facilitará a los más mayores la asistencia a misa. El sacerdote agradeció a la consellera de Patrimonio, Pepita Costa, que haya conseguido «poner a todos de acuerdo» y relató con una sonrisa de oreja a oreja la algarabía que se formó cuando el alcalde dio la buena nueva: «Estábamos en una cena homenaje a los mayores de 80 años y cuando dijo que habría rampa toda la sala arrancó a aplaudir porque van apoder volver a misa».
Con mucho humor y dirigiéndose a la consellera de Salud, Carmen Castro, explicó que hace más de dos años solicitó al Govern una subvención para arreglar la casa parroquial «que cuando llueve es un colador». «Vinieron de Palma, nos dieron 200.000 euros y al cabo de una semana, cuando ya había salido en los medios de comunicación, nos dijeron que el proyecto no se podía llevar a cabo por falta de dinero», denunció. «Al cabo de una semana dieron 300.000 euros a una iglesia de Palma. A eso lo llaman desvestir a un santo para vestir a otro», destacó antes de pedir a Castro que coloque su petición « en primera línea de salida». «Si no, iremos a la Defensora del Pueblo», aseguró riendo y mirando a María Luisa Cava de Llano, sentada en primera fila.
El líder de la oposición y candidato a la secretaría general del PSOE, Vicent Torres, bromeaba ayer sobre la abrumadora presencia de cargos públicos del PP en el día grande de la localidad. Lo cierto es que él y la consellera Pepa Marí eran poco más que una muestra residual progresista en las bancadas de la iglesia del Puig de Missa, cuyas primeras filas estuvieron ocupadas por todos los alcaldes de la isla, el presidente del Consell, al menos cuatro consellers insulares (Álex Minchiotti, Pepita Costa, Carmen Ferrer y Mariano Juan), la Defensora del Pueblo, la titular balear de Sanidad, el senador José Sala, los diputados autonómicos Virtudes Marí y Jaime Fernández, el director insular del Estado Rafael García Vila, todos los concejales de Santa Eulària y alguno de Vila, como Pilar Marí. Los políticos populares ocupaban incluso más bancos que las integrantes de la colla de es Broll, impecables con sus vestidos tradicionales y ayudadas en todo momento por Anna Costa, edil de Cultura y fundadora de este grupo.
Ellas, los políticos y todos los feligreses, que pese al frío abarrotaban el templo, escucharon con atención la misa oficiada por el obispo de la diócesis de Eivissa y Formentera, Vicente Juan Segura, que ayer estuvo especialmente dramático. Quiso que los vecinos conocieran algo más de la santa que da nombre al municipio y relató que nació cerca de Barcelona y que a finales del siglo III, cuando tenía 13 años, sus padres se la llevaron a una casa en el campo para intentar protegerla en una época en que los cristianos eran perseguidos. El obispo explicó cómo la joven católica confesó su fe abiertamente y fue entregada al martirio. «La metieron en un tonel de vino y la lanzaron rodando por un terraplén, la desnudaron para clavarla a una cruz en forma de x y en ese momento, para preservar su intimidad, comenzaron a crecerle los cabellos y empezó a nevar», indicó. El relato descarnado sorprendió a quienes desconocían la historia y eso que el obispo les ahorró la parte en la que le queman los pechos, le arrojan aceite hirviendo y plomo fundido y la lanzan a una fosa de cal viva.
Igualmente dramática fue la experiencia personal que explicó tras la lectura de un pasaje del Evangelio según San Marcos en el que Jesús auxilia a un leproso. Como él, el obispo se encontró a un enfermo de lepra durante una estancia en África. «Había perdido los pies,las manos, las orejas… No sé de dónde saqué fuerzas para recogerlo, enrollarlo en una manta y subirlo a mi camioneta. Lo llevé a un hospital y el médico al ver aquel cuerpo, que para mí era un ser humano, no quiso atenderlo», narró. Explicó que el doctor exigía que lo limpiaran bien antes de recibirlo y que él, que se considera una persona débil, no era capaz de hacerlo y lo llevó a unas monjas para que lo prepararan y pudiera ingresar.