RAQUEL SÁNCHEZ | SANTA EULÀRIA
«Da pena ver la calle así, ¿eh?», pregunta retóricamente la propietaria de una peluquería en la calle Isidor Macabich de Santa Eulària. La peluquera confirma el cierre definitivo de Cucades, un negocio de moda y objetos de regalo infantiles que había a unos metros de su local. En la misma calle están también cerrados, aunque solo hasta marzo, la boutique Virginia´s y una de las dos tiendas de Spirit of Ibiza. Esta zona del pueblo no es un caso excepcional. Cualquiera que pasee por Santa Eulària se encontrará un rosario de comercios cerrados: algunos para siempre, otros en un stand by forzado hasta la próxima temporada turística y unos cuantos con carteles de ´Se vende´, ´Se alquila´ o ´Se traspasa´. Los hay que llevan años cerrados, pero son pocos; la mayoría ha bajado la persiana en los últimos tres meses. El resultado es un pueblo de aspecto triste y desangelado que, como señala el concejal de Comercio, Salvador Losa, hace que los turistas de temporada baja «transmitan a la vuelta a sus casas la imagen de que en Santa Eulària hay poco que ver y hacer en invierno».
La ristra de tiendas cerradas que salpica el paisaje urbano es muy larga. Caravanseray, una boutique de moda que abrió la primavera pasada, tuvo que cerrar en noviembre y no retomará la actividad hasta abril. En la plaza del Cañón, se lee ´Liquidación por jubilación´ en el escaparate de Junco y Mimbre, un negocio abierto desde 1970 y que no ha hallado relevo generacional, aunque sí varios interesados en alquilar su local para nuevas aventuras comerciales. En la calle del Mar el panorama también produce desasosiego. Calçats Adela liquida por cierre y, además, en su puerta se lee el anuncio de otro comerciante que vende los muebles de su tienda de ropa ya finiquitada. En la acera de enfrente está empapelado el escaparate de Can Mayans, un negocio de frutas y verduras que había sido el último de la calle en abrir y que no ha aguantado. Bajando hacia s´Alamera, pero en el mismo tramo, aparecen GM Hombre y Las Perlas del Sol, ambas cerradas hasta marzo. Sa Llum, en la calle Sant Joan, se alquila. La arteria principal del pueblo, la emblemática calle Sant Jaume, tampoco rebosa dinamismo. Especialmente descorazonador es el tramo que va desde Comestibles Ca n´Eularie hasta la oficina de la CAM. En unos pocos metros se suceden media decena de comercios y restaurantes cerrados, aunque sea de forma temporal: el Celler Can Pere, la boutique Busquets, el restaurante Ca na Ribes, la bodega Tagomago y la tienda de moda Vintage Ibiza. En dirección a es Canar, todavía en esta calle, aparecen la antigua boutique Pepe´s, que ahora se alquila, y la tienda de moda infantil Babalú, cerrada hace años y en cuya fachada destaca un ´Se vende´ naranja fluorescente.
Cierres itinerantes
También hay brotes verdes, por llamarlos de alguna forma, y el local que antaño ocupaba el supermercado Sa Cova está siendo remodelado para instalar un nuevo negocio.
Marcos Torres, presidente de la Asociación de Comerciantes de Santa Eulalia Centro, pone nombre al fenómeno que sacude (o más bien bloquea) la localidad: cierres itinerantes. «Hay muchos locales, desde ópticas a tiendas de moda, que abren solo en temporada alta. Se lo pueden permitir porque son dueños de los locales, el que tiene que pagar un alquiler no puede. Los cierres itinerantes eran muy normales en hostelería, pero en comercio no se veían. Ahora algunos locales cierran cuatro meses al año, pero son apenas el 2 por ciento», explica Torres, que posee una tienda de informática. Es el más optimista de los empresarios entrevistados y, aun así, asegura que aunque el contacto con el Ayuntamiento para buscar soluciones es permanente, resulta « complicado hacer que vengan a comprar cuando ni siquiera hay gente por la calle».
Los datos más recientes con los que cuenta el Ayuntamiento en cuanto a número de negocios corresponden a 2010. Ese año había 298 abiertos en el pueblo, excluyendo los despachos profesionales y los establecimientos de hostelería, en los que el cierre invernal ha sido siempre una práctica muy común. La agente de Ocupación y Desarrollo Local que realizó el recuento detectó tan solo 12 locales que se alquilaban, traspasaban o habían cerrado definitivamente. Esa cifra se ha incrementado hoy día, a pesar de las peticiones de licencia para aperturas de nuevos negocios en la localidad, que el año pasado fueron 126, ocho menos que en 2010. El problema, descrito por los propios comerciantes, es que muchos de estos nuevos negocios no aguantan el primer invierno.
Según el último Anuario de La Caixa, en 2008 existían en Santa Eulària 1.016 negocios. Dos años después quedaban 755. Esta drástica reducción supone la desaparición del 25,7 por ciento del tejido empresarial del municipio, aunque en este estudio sale peor parada Formentera, donde la crisis ha acabado con el 29,7 por ciento de los comercios.
Juan Pedro Pérez, presidente de la Asociación de Comerciantes de Santa Eulària, afirma que esta localidad es un caso especial «porque en proporción a su población tiene más negocios que Vila». «Es un pueblo eminentemente comercial, en el casco urbano no tenemos casi hoteles. La industria de Santa Eulària es el comercio», explica Pérez, quien luego admite que en la isla hay «sobreexplotación» comercial. «Estamos sobredimensionados», apunta sobre el número de negocios del pueblo.
«El otro día vino a pedirme consejo un chico de Madrid que quería montar ´algo´ en Santa Eulària. Tuve que decirle que no sabía de ningún negocio que tenga cuota de mercado en este pueblo. Aquí no hay ningún comercio que funcione bien. Tenemos una enorme carga impositiva y, si el local no es tuyo, es muy difícil salir adelante con las ventas», relata Pérez, propietario de El trastero. Llegó a tener hasta tres negocios, pero ahora solo matiene la pequeña tienda de regalos y asegura que se da «con un canto en los dientes».
Este comerciante afirma que, en España, «todos sabemos comprar y vender» y explica por qué, pese a la actual situación, hay quien sigue interesado en abrir una tienda. «Si tienes dinero ¿dónde lo inviertes? En el ladrillo ya no, en bolsa ni se te ocurre…ahora no te queda más opción que montar un negocio. Hacen la cuenta de la vieja y cuando les llega el primer revés, cuando se encuentran que no hay caja, cierran o aguantan si se trata de un matrimonio y acaban hipotecándose y poniendo dinero de su bolsillo», explica.
Denuncia que en el pueblo hay locales cerrados desde hace más de un año, «sin pinta de ir a abrir». Son lo que él llama locales cerrados «de larga duración, como los parados». Pero advierte que también abundan las personas dispuestas a montar negocios: «Prueban, les va mal, cambian de domicilio, se van… Son tiendas que desaparecen en un año. Por eso en Balears siempre hemos tenido muy mala fama entre los proveedores. Hay muchísimos impagados, empresarios que a partir del tercer pedido dejan de pagar la mercancía».
Tres recorridos
Pérez afirma que los negocios tienen tres recorridos: «Alguien lo abre, no le va bien y traspasa. Llega otro, le ocurre lo mismo y llega un tercero. Ninguno piensa que el bar no funciona sino que el anterior propietario no sabía llevarlo.
En Santa Eulària la mayoría de los bares ya se han traspasado tropecientas veces». El dueño de El trastero asegura que cerrar los domingos y los sábados por la tarde es «un lujo» que los comerciantes se pueden permitir ahora. «Pero habrá que cambiar porque la gente quiere comprar los fines de semana», sentencia con pragmatismo.
Este empresario elogia la propuesta del Ayuntamiento de Sant Antoni de cobrar menos impuestos a los empresarios que abren todo el año. «Tendrían que quitarnos muchos porque somos los que alimentamos al Ayuntamiento, tenemos una carga impositiva bestial. Por mi tienda pago 300 euros de basura y por un local que tengo cerrado, 1.200», relata con ironía. Llegó a tener cinco empleados, ahora tiene solo dos y asegura que no sabe cómo porque «el 50 por ciento de los gastos del negocio corresponden a Seguridad Social». Explica que hace cinco años los comercios del pueblo estuvieron abiertos en Nochebuena hasta las 23 horas, pero el pasado 24 de diciembre «a las cuatro de la tarde todas las tiendas de Santa Eulària estaban cerradas».
Se despide con una media sonrisa: «Llevamos aquí 20 años, creo que aguantaremos otros seis meses».
El Ayuntamiento: «Un cierre parcial puede evitar el definitivo, la destrucción de empleo»
«La imagen de locales vacíos o cerrados es una realidad con la que llevamos conviviendo, cada vez más, desde el inicio de la crisis. Tener un negocio propio siempre ha sido arriesgado y desde el Ayuntamiento somos conscientes de que detrás de cada cierre definitivo hay personas que han visto irse a pique su forma de sustento», explica Salvador Losa, concejal de Comercio de Santa Eulària. El edil señala los «cierres de invierno» como «una forma de tratar de sortear estas dificultades». Recuerda que antes los pequeños comerciantes se tomaban un mes de vacaciones coincidiendo con la temporada baja. Ahora se toman más tiempo, imitando lo que antes era una práctica propia de los hoteles. «No me parece una mala forma de reducir costes en épocas en que es difícil lograr ventas como para sostenerse. Un cierre parcial puede evitar el definitivo, que supone ahondar en el problema de la destrucción de empleo», asegura Losa. El Ayuntamiento recuerda que ha emprendido medidas como «una reducción del 13 por ciento de la parte de la tasa de basuras correspondiente a la eliminación de los residuos», la creación de Targeriu y la firma de convenios para facilitar la formación continuada. «¿Es suficiente? Sabemos que no, pero buscamos nuevas fórmulas para ayudar», apunta el edil, para después recordar que el Ayuntamiento también debe sortear las dificultades generadas por la crisis.