C. C. | FORMENTERA
Una vecina de Porto-Salè presentó ayer una denuncia ante la Guardia Civil de Formentera porque su perro fue víctima de una trampa al comer dos bolas de carne con agujas que estaban esparcidas en las inmediaciones de unos contenedores situados cerca de Cala Saona.
Al parecer, la propietaria del perro, que paseaba con él, se percató de que el animal había comido esa trampa y que en el entorno del contenedor había cinco más del mismo tipo. Indignada se personó primero ante la Policía Local y luego ante la Guardia Civil para dejar constancia de la presencia de esas bolas. En la denuncia precisa que sospecha de algún «pastor», aunque no sabe identificar con precisión la persona que se dedica a realizar este tipo de acciones. Es más, esta vecina señala que existen más casos en la zona situada entre Porto-Salè y es Cap, pero que los propietarios de los animales afectados no los denuncian.
Aunque en los últimos meses se han producido reiterados ataques de perros a ovejas, nadie se atreve a relacionar la colocación de estas trampas contra perros, gatos y otros animales que pueden resultar mortales. Tampoco es la primera vez que se esparce otro tipo de productos venenosos como represalia a los ataques de los perros, aunque en este tema parece que la ley del silencio pueda más que el sentido común.