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A la espera del juicio

Unos padres denuncian que la discapacidad de su hijo se debe a una negligencia de Can Misses

Sara afirma que notaron que el feto no se movía a las 10.30 horas y no le hicieron una cesárea hasta las cinco de la tarde

 09:44  
José Martínez y Sara Miquel, con la tarjeta de discapacidad de su hijo, Iker.
José Martínez y Sara Miquel, con la tarjeta de discapacidad de su hijo, Iker.  M. Copa
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MARTA TORRES - IBIZA José Martínez y Sara Miquel no pueden más. Hace tres años y medio, en 2008, denunciaron al hospital Can Misses por una negligencia durante el nacimiento de su hijo, Iker, que en mayo cumplirá cuatro años, y aún están a la espera de que se celebre el juicio. José y Sara piden al Ib-Salut una indemnización que les permita poder ofrecer a su hijo, con una discapacidad del 79% y 40 puntos de movilidad reducida, una vida digna. Los jóvenes aseguran que el personal de ginecología que atendió a Sara durante el nacimiento de Iker, el 5 de mayo de 2008, es el causante de su discapacidad. La pareja afirma que el Ib-Salut, a través de su abogado, les ha ofrecido 400.000 euros de indemnización. «Primero fueron 250.000, luego 400.000. Nosotros queremos que se celebre el juicio», comenta el padre. «Nos han destrozado la vida. Nos han quitado nuestras ilusiones. El día que debía ser el más bonito de nuestras vidas lo convirtieron en el peor», lamenta. El hospital Can Misses, a través de un portavoz, se negó ayer a hacer comentario alguno sobre esta denuncia.

El 5 de mayo de 2008 Sara, que entonces tenía 19 años, acudió al hospital para un control de bienestar fetal (un registro cardiotocográfico, RTC). Se encontraba de 40 semanas y cinco días. Era lunes. Dos días antes, el viernes, se le había realizado esta misma prueba y todo estaba correctamente. «No había tenido ningún problema durante el embarazo», afirma Sara, que señala que esa mañana la cambiaron de monitor en dos ocasiones porque le aseguraron que no funcionaban bien. Al final, recuerda, le dijeron que el feto no se movía. «Me pidieron que hiciera abdominales para ver si reaccionaba. Como no pasaba nada, me enviaron a casa y me pidieron que regresara por la tarde, a las seis, para otra prueba», indica.

A pesar de esto, Sara, intranquila y preocupada, regresó después de comer porque «no notaba al niño». En ese momento volvieron a monitorizarla durante 35 minutos, en los que la médico constata que las cosas no van bien —«ritmo silente», detalla el estudio del perito— y decide hacer una cesárea «por riesgo de pérdida de bienestar fetal». «Dijeron que había que hacerle una cesárea urgente, pero tardaron mucho», denuncia el padre.

Un mes en Barcelona
Iker nació a las 17.27 horas «en parada cardiorespiratoria, con hipotonía marcada y mínima actividad espontánea, cianótico sin latido cardíaco y sin dinámica respiratoria», según el análisis pericial. El pequeño, que pesó 3,5 kilos, tuvo que ser intubado y reanimado y, ya en la unidad neonatal del hospital ibicenco, requirió dopamina, antibióticos y una transfusión de plasma. Esa misma noche, a las once, un helicóptero trasladó al bebé al Hospital Clínic de Barcelona, donde permaneció ingresado un mes.

José denuncia que no le dejaron acompañar a su hijo en el traslado y que tuvo que dirigirse a toda prisa al aeropuerto y pagar «un avión particular» para llegar a Barcelona. «Me costó 300 euros», recuerda. Sara tuvo que quedarse en Ibiza una semana, hasta que le dieron el alta en Can Misses, antes de poder reunirse con José y su hijo en el Clínic. Ambos permanecieron allí hasta el 6 de junio, cuando le dieron el alta a Iker. Durante todo este tiempo José y Sara tuvieron que pagar de su bolsillo las comidas, el transporte y la estancia. «Solo pagaron mis dietas, no las de Sara», comenta José. «Entre transporte, hotel y comidas gastamos unos 800 euros semanales», detalla la pareja que, ahogada económicamente, ha tenido que vender el piso en el que vivían (una herencia) para hacer frente a los gastos que supone cuidar de un niño con una discapacidad tan alta como la de Iker. «También para pagar al abogado, el perito», matiza el padre del pequeño, que critica la «falta de humanidad» con la que les han tratado en Can Misses.

Más de 3.000 euros en ortopedia
José y Sara viven ahora en una casa que les ha prestado una abuela. José, encofrador de profesión, está en el paro y recibe la ayuda familiar (420 euros) y Sara, que hasta el embarazo trabajaba de dependienta, cobra 520 euros de dependencia para cuidar del niño. «El Ib-Salut no paga nada. Ni un fisioterapeuta para Iker, que necesita estimulación diaria, ni todo lo que requiere», critica la madre. En estos momentos la familia tiene que comprar una silla de ruedas, un corsé y férulas para las piernas. Descontando las ayudas de la Administración José y Sara deberían pagar 3.100 euros, un coste que no pueden asumir. «Cada año y medio hay que cambiarlo todo porque se le queda pequeño», justifican.

Ahora que Iker ya es más mayor, además, deberían reformar la vivienda para adaptarla a sus necesidades: ensanchar los marcos de las puertas para que pase la silla de ruedas e instalar una silla adaptada en la ducha (unos 2.000 euros) para poder bañarlo. «Ahora tenemos que estar los dos: uno lo aguanta y el otro lo baña», explica Sara.
«Nunca nos van a pagar lo que han hecho. Ni todo el oro del mundo serviría para compensar lo que ha pasado, lo que le han hecho a nuestro hijo. Su situación es de por vida», lamenta el padre, quien asegura que si no han aceptado la última oferta que les ha hecho el Ib-Salut (400.000 euros) es porque no es suficiente para garantizar que Iker tendrá el material y la asistencia necesaria durante toda su vida. «Queremos que el juicio salga lo antes posible, no queremos que nos pase como a otras familias, que han tenido la sentencia cuando los niños habían cumplido 13 años», insiste José, que recuerda que los médicos que atendieron a Iker en Barcelona les recomendaron denunciar a Can Misses. «Lo que queremos, que es a nuestro hijo sano, no lo vamos a tener», lamenta Sara, que está convencida de que su hijo estaría bien si le hubieran hecho una cesárea cuando llegó a Can Misses a las diez y media de la mañana.

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