JOSÉ MIGUEL L. ROMERO | IBIZA
En febrero de 1956 cayeron chuzos de punta en las Pitiusas. Tres olas de frío siberiano consecutivas barrieron la isla y dejaron hasta siete nevadas. En Mallorca se recuerda como l´any de sa neu, pero en Ibiza como l´any des fred, según recuerda el historiador Felip Cirer. El de la nieve llegaría a las Pitiusas siete años más tarde, en 1963, cuando la precipitación fue entonces muy copiosa.
El parecido entre aquella ola de frío y la que desde hoy alcanzará Ibiza y Formentera tiene notables puntos en común, sobre todo porque ambas son siberianas, lo que las caracteriza por ser más secas, y porque las nevadas más potentes no se esperan aquí, sino en Menorca y Mallorca. En 1956, el año del frío, se registró la temperatura más baja de la que se tiene constancia en la zona de es Codolar, a nivel del mar: -3º centígrados el 12 de febrero, que en otras zonas de la isla como Sant Joan se ha llegado a superar con creces. Aún no se había construido el aeropuerto (faltaban solo dos años), pero la primera estación meteorología de la zona llevaba funcionando desde 1952, según explica Agustí Jansà, director del centro territorial de la Agencia Estatal de Meteorología en Balears.
Otra característica común entre ambas olas, a las que separan justo 56 años (porque justo ambas llegan con la Candelaria, el 2 de febrero, hoy), es que la temperatura tomada a 1.500 metros de altura es, en ambos casos, de -12º centígrados, destaca Jansà, que advierte de que eso indica que estos días se podrían repetir los registros de 1956. Lo que da por sentado es que en el interior de la isla las heladas serán de órdago. Peligran los cítricos.
Las tres oleadas de frío, que tuvieron lugar del 2 al 4, del 10 al 12 y del 20 al 22 de febrero de 1956, provocaron siete días de nevadas intermitentes en Ibiza, según los datos que posee el director del servicio meteorológico balear. No fueron muy copiosas, aunque Diario de Ibiza afirmó en su edición del 14 de febrero de 1956 que en algunos pueblos del centro de la isla «alcanzó varios centímetros». Algunos hablan de 15 centímetros, si bien son pocos si se comparan con los que cubrieron Palma (20 centímetros) y Pollença (80 centímetros).
El mercurio descendió de tal modo en la parte central de Ibiza que se helaron algunos safareigs (en Londres, el Támesis se congeló), según la crónica de es Diari. «Por fin hemos podido ver, desde nuestros propios balcones, nieve acumulada en las montañas. Nieve que sería ridícula para esquiar pero estupenda para los amantes de la novedad», detallaba la noticia aparecida el 23 de febrero de ese año.
Felip Cirer, que por entonces tenía unos cinco años, recuerda que algunos chavales intentaron aquella jornada hacer un muñeco de nieve frente a la iglesia de Sant Elm. Y al parecer el frío hizo estragos entre la población, al menos entre la del Seminario de Vila, «que tuvo que cerrar porque todos los profesores estaban enfermos por gripe», indica el historiador.
Tras un enero que también fue relativamente cálido (con una máxima de 19,7º), aquel temporal se vio favorecido por un potente anticiclón situado sobre el Reino Unido y el área escandinava que cerró el paso al aire más suave del Atlántico, de manera que las corrientes siberianas se enfriaron y se colaron con ímpetu por un pasillo de Europa del Este hacia el Mediterráneo. Más o menos lo que está por llegar.