LAURA RIERA | IBIZA
Los televisores, con los televisores; las lavadoras, con las lavadoras, y los frigoríficos, con los frigoríficos. Esta división es un paso previo imprescindible para el correcto reciclaje de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). De esta tarea se encarga desde 2007 Ca na Negreta, el centro logístico designado en las Pitiusas por los fabricantes de estos artilugios para la recepción, adecuación y transferencia de estos desechos a los puntos de tratamiento pertinentes en la Península. Su planta ha gestionado unas 6.000 toneladas desde que está en funcionamiento y en lo que va de año ya han pasado unas 1.086.
«En las Pitiusas se recogieron 10,3 kilos de RAEE por persona en 2010. Esta cifra las convierte en el territorio con la tasa más elevada de recogida por habitante de España», señala José Antonio Pérez, técnico de Medio Ambiente de Ca na Negreta desde 2008. Además, Pérez añade que, según datos del Consell, solamente un 5 por ciento de los electrodomésticos queda fuera del circuito de gestión de estos residuos.
El objetivo de este reciclaje es evitar la «contaminación de la atmósfera, suelo y agua» que pueden provocar estos aparatos. Para ello es básico que se depositen en un punto de recepción. En el caso de Ca na Negreta, proceden de tres vías distintas: de alguna de las seis deixalleries de la isla, de la recogida selectiva municipal [un particular que quiera tirar un electrodoméstico puede llamar a la empresa responsable de la recogida para conocer qué día puede dejar en la calle dicho aparato] o del vertedero. «Lo que se está intentando ahora es que todos los RAEE se separen directamente aquí y no en un vertedero, ya que esto supone un doble trabajo», explica el técnico de la planta de tratamiento ibicenca. De hecho, Pérez afirma que desde que esta planta está en funcionamiento, se ha reducido en un 50 por ciento la entrada de estos residuos en vertederos.
Por esta razón, la llegada de los aparatos eléctricos o electrónicos a Ca na Negreta garantiza el correcto reciclaje de sus residuos, evitando así casos como los destapados hace unos días por la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), en que los productos iban a parar al chatarrero en vez de a plantas de tratamiento especializadas.
Los aparatos más peligrosos
Una vez llega a Ca na Negreta el material, se descarga de forma manual y después se clasifica por tipos. «La descarga se debe hacer con mucho cuidado, más que nada para no romper el circuito de los aparatos que contienen gases CFC o HCFC. Ambos refrigerantes contienen flúor y cloro, sustancias contaminantes y perjudiciales para la capa de ozono», aclara Pérez.
En cuanto a los televisores, que Ca Na Negreta envía a una planta especializada de Barcelona, el peligro radica en los metales pesados como el plomo y el mercurio, entre otros elementos peligrosos, que se hallan en sus pantallas. «A las lavadoras les extraemos por seguridad el condensador, que puede llevar policlorobifenilos [sustancias cloradas sintéticas de elevada toxicidad], y lo tratamos aparte como un residuo peligroso», añade el experto. No obstante, el técnico de Medio Ambiente también hace hincapié en la necesidad e importancia de depositar en deixalleries o en las propias instalaciones de Ca na Negreta aparatos menos voluminosos: «Las tostadoras o cepillos de dientes eléctricos no son tan peligrosos, pero deben depositarse en puntos limpios para su correcto reciclaje. Todo lo que tenga un enchufe o funcione con pilas o baterías es susceptible de ser reciclado».
Despiece y descontaminación
Después de separar los aparatos por tipos en la zona de almacenamiento, el circuito continúa con la fase de despiece, por la que pasan todos los aparatos de gama blanca, excepto los frigoríficos y aires acondicionados: «Tras el pesaje de los electrodomésticos, estos pasan a un banco de trabajo, donde se obtienen manualmente sus componentes para el reciclaje», explica Pérez. A continuación, la carcasa y los materiales que quedan (las gomas, por ejemplo), van a parar a una cuba. De esta cuba pasan a una trituradora donde se separa el hierro de otra fracción. Lo que queda, el rechazo final que suele estar conformado por gomas y otros plásticos que no se pueden reciclar, es lo que se tira.
Por su parte, los frigoríficos y los aparatos de aire acondicionado se colocan en los equipos de descontaminación. Allí un trabajador se encarga de pinchar el circuito del aparato con unas pinzas de extracción. «La propia máquina saca por separado el aceite y el gas, que circulan cada uno de ellos por un tubo distinto. El aceite va a parar a un depósito y el gas, a una botella. Posteriormente, se envían a una planta de reciclaje especializada», explica el técnico. Después de este proceso, cuya duración media es de dos minutos, el electrodoméstico, libre de gases y aceites, está listo para reciclar.
Las cifras
11 kilos de residuos por habitante
Las Pitiusas registran la tasa más alta de recogida de RAEE de España, con 11 kilos de media por habitante.
5% de aparatos no se recuperan
Solamente un cinco por ciento de los aparatos eléctricos y electrónicos de las Pitiusas quedan fuera del circuito de gestión de estos residuos.