La depuradora de aguas residuales de Cala Corral, situada en la misma urbanización existente junto a la dársena de este paraje costero, sigue vertiendo las aguas residuales a un bosque cercano, según denunciaron ayer vecinos de la zona, que aseguran que este verano «la situación se ha convertido en insostenible y en algo exagerado».
Algunos residentes y propietarios de Cala Tarida y Corral, como el hotelero Vicente Juan o Alfredo Roig, Will Scheaffer o Marcel van Beetz, mostraron ayer a este periódico la tubería que, saliendo de la depuradora, avanza entre los pinares que hay detrás de la urbanización y desemboca en dos puntos distintos del bosque, donde arroja las aguas fecales prácticamente a diario.
La consecuencia de ello, afirmaron los denunciantes, es que «se forma una nube de mosquitos en los encharcamientos de aguas residuales», que obliga a los vecinos a «irse turnando para fumigar estas zonas».
Sin embargo, la molestia más perceptible son los «fuertes olores» que se producen por todo el entorno, «sobre todo cuando por las noches calma el viento y no se pueden dispersar los olores». Entonces, «todas las casas de los alrededores tienen que cerrar puertas y ventanas, porque de lo contrario es imposible vivir en ellas», asegura Vicente Juan mientras muestra uno de los puntos donde se vierten las aguas, en el que los pinos y arbustos existentes aparecen completamente secos y sin vida.
Otro de los vecinos, Alfredo Roig, asegura que la situación viene de años atrás, y él mismo presentó en 2008 una denuncia ante el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona), pero no sirvió para frenar estos hechos.
Ubicación cambiante
Will Scheaffer explica que la ubicación de los lugares donde se echan las aguas contaminadas va cambiando, pero siempre se trata de terrenos sin pendiente para facilitar su infiltración en el suelo.
Los afectados aseguran que una vivienda próxima a este lugar, habitada por una familia alemana, ha sido abandonada ante esta situación. Según Vicente Juan alrededor de 300 personas pueden estar afectadas por los olores y los mosquitos que inundan la zona de Cala Corral y Cala Tarida.
Vicente Juan afirma que la depuradora «debe tener 25 o 30 años de antigüedad y no da abasto ni cumple con nada». «Aquello debe de tener un rebosadero, que cuando supera su capacidad, pues se bombea la porquería hacia detrás de la urbanización para que no les moleste a ellos y así se quitan el muerto de encima», añadió.
Al parecer, toda la zona de Cala Tarida y Cala Corral, que agrupa a centenares de viviendas –aparte de nuevas urbanizaciones que están construyéndose en la actualidad– está atendida por tres depuradoras privadas, de pequeña capacidad y de gran antigüedad. Mientras tanto, la construcción de la nueva estación, adaptada a las nuevas necesidades, permanece paralizada por cuestiones de tipo administrativo y está incluso amenazada por falta de fondos económicos.
Los vecinos piden soluciones «inmediatas» para evitar que el próximo verano se reproduzca o empeore la situación en un área residencial que, según afirman, «siempre se ha caracterizado por una gran tranquilidad y calidad».
Las claves
ACCIONES
Los vecinos se turnan para fumigar los encharcamientos
Los vecinos afirman que van turnándose para fumigar las zonas donde se producen los vertidos y que son el origen de las nubes de mosquitos y de los malos olores.
A PEOR
La situación «se ha convertido en insostenible» este verano
Los residentes en la zona aseguran que algunos propietarios de chalés han optado por abandonarlos ante el incremento de las molestias producidas este verano.
DEPURADORA
Una instalación pequeña y obsoleta
Al parecer, toda la zona de Cala Tarida y Cala Corral está atendida solo por tres pequeñas depuradoras privadas, que «no dan abasto». La nueva, de gran capacidad, está paralizada por cuestiones administrativas.