IBIZA | ALBERTO FERRER
En el complejo operativo logístico que entraña la selección de un destino de vacaciones como Ibiza y su contratación hay un paso que cada vez resulta más importante: alquilar el medio de locomoción en el que el colectivo desplazado se moverá de un punto a otro durante su estancia. Se puede conformar con un utilitario o motocicleta adaptado a los mínimos prácticos estrictamente necesarios, con algún lujo como el aire acondicionado. O ir mucho más allá y darse el gustazo de domar una montura de, pongamos por caso, 300 caballos, matar de envidia a cualquier testigo pilotando una exclusiva Harley o un entrañable Dos Caballos. Los empresarios que ofrecen estos medios no convencionales de transporte lo hacen por afán de lucro, lógicamente, pero también por devoción a sus coches y motos, que miman más que a un hijo.
Todos proceden de la época en que los vehículos tenían personalidad. Resultaban la suma adecuada de metales, goma de neumáticos y una amplia escala de cilindradas totalmente despreocupada de las emisiones de CO2 –aunque ya querrían algunos de ahora resultar tan inocuos como un Mehari, o gastar tan solo cinco litros a los cien como las atronadoras motocicletas de Milwakee. Proceden de una época en la que huir de los estándares no era exclusivo de los productos de lujo.
José María Roca Martín se metió en el negocio de casualidad y por su hijo. Empresario de chárter naval a través de Internet, necesitaba un local para dar confianza a los clientes. Comparte con su hijo, Juan Pedro, la pasión por los coches clásicos y surgió la oportunidad de comprar otro coche: «Le dije a mi hijo que los nueve que teníamos ya eran un problema porque cuando cogías uno tenía la batería descargada y me contestó que por qué no aprovechábamos el local para alquilarlos», porque tenerlos parados es lo peor que les puede pasar a estas joyas de la carretera. Así que el verano pasado empezaron y este año ya han doblado su flota.
La historia es sencilla pero se complica con toda la burocracia que se requiere cumplimentar para poner en circulación un coche matriculado hace más de cincuenta años. «Pasan la ITV cada seis meses, como cualquier coche de alquiler», explica José María, que añade que la aseguradora fue lo más complicado.
La colección de los Preciado tiene un poco de todo: un Jeep Willys veterano de Corea, varios Mehari, una pintoresca Caravelle –la furgoneta que volvía locos a los jipis– y varios muscle car americanos, como un indomable Camaro de 1969 que requiere un piloto experimentado y no se alquila a cualquiera (375 caballos obligan), otro más domesticado que entrega 175 caballos y un enorme truck de Dodge capaz de remolcar un barco de línea.
El caso es que la flota exótica de los Roca Martín cada vez ha ido representando más porcentaje de sus ingresos, ahora que los alquileres náuticos se han hundido por la crisis. «Pensábamos que serían una ayuda y ahora son el tirón principal», explica el empresario. Tampoco es que naden en la abundancia por ello: «En la primera temporada hemos cubierto gastos, en un par de años y con más coches esperamos que dé beneficio», explica Roca Martín.
Sus precios van de los 30 euros al día en temporada baja a los 50 en verano por un clásico básico o los 150 de un Camaro v8.
¿Por qué alquila sus propios coches? «Por la cara que pone la gente cuando vuelve. Les traen recuerdos y a los jóvenes se les ve más niños todavía».
Es la cara de Ramon Bruijne, un joven holandés que fue a una boda en San Sebastián con su ´dos caballos´. Harto de lluvia en pleno mes de marzo, decidió aprovechar el coche para llegar hasta Ibiza y quedó fascinado. Además, llegó a la conclusión de que el dos caballos, al que en su país llaman duck –pato– y consideran un coche cargado de glamour bohemio, era el coche ideal para la isla: «Se diseñó para las granjas francesas, así que es alto y casi nunca se avería», explica, además, resulta «muy divertido» y es facilmente descapotable.
Con Anna Wanders se presentó a Patrick den Elzen con un plan de negocio que le convenció para embarcarse en esta aventura iniciada hace dos años. Ducks United nació con la idea de ofrecer a sus clientes coches y también un estilo de vida devoto de la tranquilidad y el paisaje, alejado de las aglomeraciones y las discotecas.
Además, como a los patos les encanta el agua limpia, los tres holandeses organizan actos benéficos semanales para recaudar fondos para abrir pozos en lugares como Blangladesh con la ONG Max Foundation.
Aunque lo suyo es un negocio, y esperan que en unos años incluso sea rentable, quieren que la tribu de los dos caballos siga siendo algo exclusivo y por eso limitan su flota a unos 30 coches: «Cruzarte con uno te hace gracia y ambos os saludaréis, pero cuando son diez te sientes adocenado», explica Den Elzen.
Poner en marcha el negocio fue complicado, sobre todo por los trámites de importación de los coches, la mayoría procedentes de Holanda o Portugal, el último país europeo en el que se fabricaron. Comprarlos en España les simplificaría mucho la vida, asegura Den Elzen, pero les cuesta encontrarlos en buen estado. Una vez en la isla, refuerza el chasis y les instala elementos como cinturones de seguridad o un equipo de sonido moderno.
Como quieren integrar a sus patos con la isla y no cierran en invierno, ofrecen un ´pato´ por 450 euros al mes. En verano rondan los 70 euros al día y los 100 en el caso de los Burton que alquilan desde este año: «Es un deportivo de estilo retro carrozado en fibra sobre un chasis de dos caballos», explica Den Elzen.
Con más de cinco millones de unidades vendidas, aún es fácil encontrar repuestos para este modelo de Citroën, aunque deben hacer acopio para poder reparar los coches averiados rápidamente. «Siempre tenemos algún coche de sustitución disponible por si no lo puedo arreglar en el lugar de la avería», explica Buijne, que es un auténtico hacha reparándolos según sus socios.
De todos modos, el que se crea que esta rama del alquiler de coches puede ser un filón debe saber que «los costes de mantenimiento son altos y tienen más averías que los nuevos», como aseguran los Roca Martín, también obligados a disponer de un mecánico en nómina.
No le hacen la competencia a los rentacar tradicionales por lo reducido de sus flotas ni tienen rivales en el segmento de la nostalgia. Toni Pertl tampoco tiene competidores: nadie alquila motos de más cilindrada que las suyas, hasta 1.560cc. y sin electrónica, lo que abarata las reparaciones. Optó por no complicarse la vida y dejó de arrendar motos customizadas, con detalles en ocasiones únicos, para ofrecer solamente Harley-Davidson de serie. Como fue mecánico de la marca durante muchos años en Alemania, las arregla él mismo, aunque para que el negocio no pare debe disponer prácticamente de todas las piezas en su taller.
Llegó a la isla sin saber nada y con la idea de montar su negocio, US Motos, que durante más de 13 años estuvo en la Marina, pero como no había manera de orientar a sus clientes se ha mudado a es Pratet, a la calle Carlos III. Al principio vendía sobre todo ropa de la mítica marca de Milwakee, pero ahora su principal fuente de ingresos son los alquileres. Sus clientes son sobre todo moteros de otras marcas que se dan el capricho de probar una harley.