IBIZA | FERNANDO DE LAMA
«El terremoto me pilló en Tokio, en la calle, eran las tres de la tarde y se sintió mucho. Incluso cuando acabó la sacudida tenía esa sensación de mareo en tierra, como cuando te acabas de bajar de un barco. En principio no le di más importancia, aquí los terremotos son algo habitual. Pero pronto comenzaron a desalojar edificios y cerrar tiendas. Poco después todas las televisiones del país comenzaron a mostrar las imágenes del tsunami, de la destrucción... fue desolador ver lo que estaba pasando y todos sentimos una gran impotencia». El sobrecogedor relato es de Juan Ramón Barrés, un ibicenco –«de Cases Barates», puntualiza– que vive desde hace siete años en la capital nipona, donde está casado con una mujer japonesa y tiene un hijo de tres años.
Barrés, que contesta a la entrevista a través de Skype, ha vivido los últimos días con intensidad y preocupación. Tokio, asegura, ha asumido la catástrofe con relativa tranquilidad, está a 200 kilómetros al norte de Tohoku, donde se situó el epicentro del seísmo, y a otros 200 al sur de la central de Fukushima, que ha desatado la alarma nuclear. En estos momentos se encuentra en casa de sus suegros en Hiroshima, a 800 kilómetros al sur. Se ha desplazado por temor a la radiación, pero sobre todo, explica, por «tranquilidad y comodidad». «En Tokio, aunque no se han producido esas escenas de pánico de las que hablan los medios internacionales, hay restricciones. El transporte público funciona al 50%, hay cortes de luz y muchas empresas han dado a sus trabajadores una semana de vacaciones. Las restricciones vienen también por la solidaridad de la población: la gente hace todo lo posible por ahorrar energía para que no falte para los lugares donde más se necesita, a pesar del frío del invierno. En Hiroshima nevó ayer. Se encienden las menos luces posibles, se han apagado los neones de los comercios, se quitan las calefacciones y se cierran puertas para que no se escape el calor», cuenta Barrés.
Tranquilidad
«En Hiroshima –continúa– la situación es más cómoda, aunque la gente también es solidaria. Lo es en todo el país. Incluso en Tohoku. Tras el terremoto y los cortes en el abastecimiento, iban con dos garrafas a los camiones de reparto y llenaban una y se volvían a poner a la cola, para que hubiera para todos. Es una situación impensable en España, que tiene que ver con la cultura asiática. Aquí todos son muy respetuosos. No ha habido robos ni saqueos ni nada parecido. Todo se ha vivido con preocupación pero con tranquilidad».
Barrés, de 36 años, llegó por primera vez a Japón hace diez con una beca de estudios, conoció a la que ahora es su mujer y, aunque volvió a España, un año y medio después decidó volver e instalarse allí, donde trabaja como comercial.
El ibicenco, como muchos otros españoles que viven en el país asiático, se siente muy dolido por cómo se están contando las cosas en los medios internacionales: «Las advertencias de la agencia nuclear francesa y del comisario de Energía de la UE [Günther Oettinger, que dijo que el mundo se encuentra a las puertas de un «apocalipsis» nuclear] han hecho mucho daño. Por lo que he leído en algunos medios solo faltaba Godzilla destruyendo los edificios, y no ha sido así. Por eso está ya circulando una carta en los medios enviada por un grupo de españoles residentes, y que hemos asumido casi todos, en la que se pide a los medios que den una imagen real y abandonen el sensacionalismo».
Incluso explica una historia que le pasó a él hace unos días: «Me llamaron de una televisión española. Solo les interesaba que les dijera que tenía miedo y que quería abandonar Japón, que todos los españoles queríamos abandonar el país. Cuando les dije que no era cierto y que no tenía ninguna intención de salir empezaron a perder interés, incluso oí a la periodista cuando acabó la conversación diciendo que había que buscar a otro».
«Pero la situación real es esa –sigue–. Yo estoy en contacto con un grupo de Facebook que aglutina a 700 españoles residentes y no conozco a nadie que quiera irse. Me temo que el avión que va a fletar el Gobierno español se va a volver medio vacío. Hay preocupación y temor, pero estamos tranquilos».
Críticas a la embajada
Las críticas de Barrés también van dirigidas a la embajada española, al igual que en la carta a la que hace referencia, ya que muchos consideran que está «desaparecida»: «A las pocas horas del terremoto leí en los medios españoles que la embajada había contactado con todos los que estamos aquí y que estábamos bien. Conmigo no ha contactado nadie y con otros a los que conozco tampoco. Nos vamos informando de las noticias y de las circulares a través de nuestro propio grupo en Internet».
Barrés insiste en mandar un mensaje de calma: «La vida sigue y por suerte o por desgracia este es un pueblo que está acostumbrado a estos hechos trágicos y con su capacidad de trabajo y su carácter siempre ha salido adelante. Aquí no se ha insistido tanto en el tema de la alarma nuclear como en el del terremoto en sí. Al principio, con el temor a las réplicas, la gente empezó a acaparar alimentos. Ha habido problemas de abastecimiento en los comercios y también en las gasolineras, ya que la capacidad de producción se ha perdido en un 30%, pero todo empieza a volver a la normalidad. Es un suceso terrible, trágico, pero no se percibe eso del apocalipsis de lo que se habla en Europa ni el fin del mundo. Nada de eso».
La carta: «Desinformación y exageración»
Carta firmada por un grupo de residentes españoles en Japón que ha sido enviada a diferentes medios y publicada en Internet:
«Somos un grupo de españoles que actualmente está viviendo en Japón, nos hemos propuesto escribir esta carta pública a los medios con la intención de criticar la forma en la que el periodismo está tratando las noticias sobre el terremoto, el tsunami y los posteriores problemas en la central nuclear de Fukushima y Japón en general.
Multitud de medios están transmitiendo una situación de inseguridad que no se corresponde con la realidad en ciudades como Tokio. El gobierno está informando a los ciudadanos sobre lo que sucede en la central nuclear de Fukushima las 24 horas del día y, según esa información, no hay ningún peligro inmediato. Añadiendo, ya sea dicho, que hemos tenido que apañarnos por nuestra cuenta e informarnos los unos a los otros entre los españoles y con gente de otros países de habla hispana ya que la nuestra propia Embajada Española parecía no estar en ´servicio´. Por culpa de esta desinformación y exageración, mucha gente (entre ellas, sobre todo nuestras familias), está preocupada de manera innecesaria por lo que ocurre en Japón.
Con esta carta, queremos mandar un mensaje al periodismo en España para que dejen el sensacionalismo de lado e informen adecuadamente usando solo información contrastada».