|
|
|
HEMEROTECA » |
Si Madrid fuera una isla, la clausura de los cielos no hubiera ocurrido jamás. Balears vuelve a pagar las facturas de gobiernos que desprecian olímpicamente la actividad turística, y que ignoran las limitaciones impuestas por la insularidad. En diciembre no hay turismo pero, ¿cuántos viajes para el año próximo serán cancelados, ante la desconfianza abonada por un ejecutivo que transforma un chantaje laboral en un conflicto armado? Esta previsión agrava la honda decepción del viajero que ha desperdiciado sus entradas para El fantasma de la ópera, es tan fácil adquirir el estatus de víctima.
Si Madrid fuera una isla, ni una persona se hubiera quedado sin pasaje en los barcos que constituyen la única vía de escape de Balears, tras el cierre patronal del aeropuerto. Ahí radica el «derecho a la libre circulación», invocado en el decreto de declaración del estado de alarma que el Gobierno ha impuesto en vísperas del día de la Constitución. Desde mucho antes, Las Balears disfrutan del más sofisticado estado de sitio. Un centenar de controladores deciden quién y cuándo sale de la isla, porque la ruindad individual se potencia al actuar en manada.
Los baleares que no necesitaban disfrutar del puente en Venecia se despertaron ayer con la convicción somnolienta de que el cierre del espacio aéreo habría ingresado en la lista de las crisis efímeras. En cambio, se toparon con la desasosegante palabra «militarización», y asistieron a un bis de la rueda de prensa que Rubalcaba había dado doce horas antes. Por primera vez, el vicepresidente parecía desarbolado, como si estuviera rememorando el cinco a cero. También por vez primera, se veía superado en pegada por Esteban González Pons. Puestos a elegir entre los controladores incalificables y un Gobierno de opereta, aumenta la probabilidad de escorarse hacia una tercera vía, que desgraciadamente conduce a Rajoy.
Zapatero siembra la alarma, la ofuscación económica ha nublado su sentido de la proporcionalidad. En enero de 1981, la caída de Adolfo Suárez se precipitó por una huelga de controladores que le impidió viajar a Mallorca, para celebrar el congreso de UCD. La «militarización» se ha propagado al lugar más prominente de la portada del New York Times, con evocaciones de un golpe de Estado o del guerracivilismo siempre latente.
El periodo crítico de la era Zapatero transcurrió sin una sola palabra del presidente del Gobierno a sus conciudadanos. Antes de llegar a La Moncloa, ya adquirió notoriedad por sus mutis durante el tamayazo o en las secuelas del 11-M. La consigna volvió a ser «que lo arregle Rubalcaba». En la situación terminal del ejecutivo, no transmite templanza ni la cabeza más fría de la política española.
Hay que hacer acopio de serenidad para no criminalizar la soberbia de los controladores aéreos. Simbolizan a los colectivos ventajistas –financieros, altos ejecutivos, rentistas multimillonarios– que están convencidos de que sobrevivirán a la crisis pisoteando al resto de los contribuyentes. Con sus sueldos por los aires, no albergan ninguna duda de su condición de seres superiores, cuyo derecho remonta por encima de la tribulación de la persona que paga un billete de avión para asistir a la agonía de un familiar. Vista su torpeza incluso expresiva, cuesta concederles la pericia sobrenatural que reclaman. Y a diferencia de un piloto, su vida no corre ningún peligro. Ahora bien, si son capaces de colapsar un país, quizás deberían cobrar más.
En la relación de privilegios, es desafortunado habilitar pasillos aéreos para el Rey, salvo que deba comparecer para una intervención trascendente. Si sólo el estado de alarma iba a desbloquear la cuestión, llegó con medio día de retraso, una eternidad en la era de la instantaneidad. Una detención previa con todas las garantías –la misma que sufre la persona que bloquea una carretera, o el espontáneo que salta al estadio– ahorra medidas melodramáticas. A propósito, el estallido lacrimógeno de una controladora mallorquina ante las cámaras persuadió a los telespectadores de que no subirían ni a un coche controlado por los salvajes huelguistas en esos momentos, cuanto menos a un avión.
Restaurado el tráfico, imperarán los retrasos que contribuyen a la emoción incontenible de los reencuentros navideños. El daño en imagen se habrá impreso en el mundo civilizado. España comprenderá la importancia del turismo cuando se debilite, y las Balears volverám a pagar las facturas. Sin salida. (Alguien debería recordarle a Francesc Antich que se dice aeropuerto y no areopuerto).
|
|
El dispositivo que requerirá la operación no tiene precedentes en España, aseguran fuentes del...
Unas 200 personas se manifestaron ayer por las calles peatonales de Sant Francesc contra los...
La diputada toma posesión de su escaño y dice que el pago de la deuda del Govern al Consell y los...
Según los populares, Ferrer era un "diputado florero" que debería ofrecer disculpas, puesto que...
El rápido tenía previstos ayer cinco trayectos | El ´Maverick II´ será reflotado mañana, si el...
Los creadores de Formentera vuelven a reunir su obra en la muestra colectiva del Centro artesano...
La actriz Ana Torrent es la protagonista de la adaptación teatral de la novela de Flaubert
La presidenta de la asociación asegura que en los últimos años el incremento de peticiones de...
Un concierto de música de cámara de los alumnos que finalizan el sexto curso de enseñanzas...
El artista Julio Bauzá inauguró ayer su exposición ´Silencios´ en el Club Diario de Ibiza, una...
La artista austriaca residente en la isla expone de nuevo tras recuperarse de una operación en la...
La galería Berri reabre con la tradicional muestra de primavera del artista, que hoy cumple 70...
| CONÓZCANOS: CONTACTO | DIARIO DE IBIZA | LOCALIZACIÓN | PUBLICIDAD: TARIFAS | CONTRATAR |
|
|
||||||