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IBIZA | EUGENIO RODRÍGUEZ Unas 70 niñas y niños de sexto curso de Primaria de los colegios Venda d'Arabí, Blancadona, Sa Graduada y Sant Carles tomaron ayer la sala de plenos del Consell para exponer las conclusiones a las que han llegado tras trabajar durante toda la semana en torno al Día Internacional de la Infancia que hoy se conmemora.
Los escolares aprovecharon para reclamar a la clase política más carriles para bicicletas, la mejora del transporte público, más árboles y espacios libres para jugar. La consellera de Política Social y Sanitaria, Patricia Abascal, y el de Política Educativa y Cultural, Marià Torres, presidieron el Consell de la Infancia, en el que, a su finalización, uno de los niños preguntó a Abascal si el acto serviría de algo y tomaba nota en serio de las peticiones formuladas.
Siguiendo el manual de la buena política, la consellera respondió afirmativamente e incluso se comprometió a enviar una carta con las solicitudes a los ayuntamientos. Abascal intentó hacer entender a los jóvenes que el Consell no tiene competencias en todo, algo que, además, no entra en la cabeza de muchos adultos.
A modo de anécdota, la consellera explicó que una maestra le contó que un día cuando dio el aviso a sus alumnos de que podían ir al patio, Rosa (nombre ficticio) se quedó sentada mientras sus compañeros salían a la carrera. Al preguntarle la maestra, por qué no les seguía, la niña le contestó: «Has dicho: niños podéis salir al patio, no niñas». Abascal explicó esta pequeña historia para apuntar que el lenguaje también cuenta en las diferencias entre las mujeres y los hombres que han echado raíces en la sociedad.
Con motivo del Día de la Infancia, durante una semana los escolares con la colaboración de la entidad Set Estels le han dado vueltas a las situaciones cotidianas de discriminación que las alumnas viven en las aulas y, sobre todo, en casa. También han ahondado en el derecho de los más pequeños a la libertad de expresión, la educación y la igualdad por encima de las condiciones físicas o psíquicas.
Sobre las diferencias entre sexos, un grupo de estudiantes expuso un mural con el símbolo masculino en azul y el femenino en rosa y, a modo de lección, una simbiosis de ambos coloreada de lila (la mezcla también del azul y el rosa). Los escolares explicaron las conclusiones a las que han llegado sobre esta cuestión, entre ellas que aquel pequeño que distingue entre juegos de niños y niñas, en realidad, «no sabe divertirse» y que aunque las leyes digan que los dos sexos son iguales y deben contar con las mismas oportunidades, en la práctica «no se cumple». «Aparte de trabajar, las madres son las que más se ocupan de las tareas de casa. Hemos de cambiar la manera de pensar para cambiar la manera de hacer», atinó uno de los escolares.
El cuento de los despertadores apagados
El actor Monma Mingot inició la atípica sesión plenaria contando un cuento de un pueblo «normal», pero en el que los padres y las madres, como trabajaban tanto, un día empezaron a olvidarse de sus pequeños. Al darse cuenta de que ya no les tenían en cuenta, los niños se unieron y tramaron un plan para llamar la atención. Apagaron los despertadores de los mayores y aprovecharon que siguieran durmiendo durante el día (por el cansancio acumulado de tanto trabajo) para tomar la ciudad, que, sin querer, dejaron patas arriba. Preocupados por la reprimenda de los mayores se fueron a dormir no sin antes volver a conectar los despertadores. Al día siguiente, los adultos, que estaban bien descansados, en vez de ponerse las manos en la cabeza al ver el caos, se dieron cuenta de que ellos también fueron niños y que en el fondo aún mantienen rastros de esa etapa. Fue entonces cuando decidieron escucharles y conmemorar el Día de la Infancia.
Acto seguido el grupo de trabajo de la libertad de expresión defendió el derecho de los niños a expresar su opinión. Y qué mejor espacio para hacerlo que el lugar de reunión de la clase política. Los jóvenes recordaron que no tienen edad para conducir un coche, pero que tampoco pueden ir en bicicleta por lo peligroso que resulta. Por ello, reclamaron más carriles para bicicletas y la mejora del transporte público, aparte de más árboles y jardines y espacios libres donde jugar.
Antes de la entrega de diplomas y las fotos de rigor con los políticos, la consellera se sometió a las inocentes preguntas de los jóvenes. Una niña le preguntó si era difícil «la carrera» necesaria para ocupar su cargo político en el Consell. En su diplomática respuesta, Abascal, que explicó que ella estudió Turismo, destacó que sobre todo hay que tener «muchas ganas de ayudar y escuchar a la gente y buscar soluciones a los problemas», aunque no especificó dónde se aprende.
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