SANT ANTONI | P. R.
La fiesta de Romanos y Cartagineses de Sant Antoni ha adquirido una gran popularidad en el pueblo de Portmany y se ha convertido en una de las citas más multitudinarias de la población a lo largo del año. El paseo marítimo de la playa de es Regueró se llenó a rebosar de público ayer por la tarde antes de la puesta de sol para asistir a la guerra de tomates entre los dos bandos contrincantes que ya se ha hecho habitual dentro de las fiestas de Sant Bartomeu.
En pocos años esta fiesta ha alcanzado una gran notoriedad y cada vez son más los miembros de los dos ejércitos que acuden ataviados con el correspondiente disfraz y dispuestos a participar en la incruenta batalla. «Antes parecía que teníamos que empujar a gente para que asistiera. Este año, en cambio, hemos tenido mucha gente interesada en apuntarse desde hace días», comenta Antoni Serra, miembro de la asociación Romanos y Cartagineses, encargada de la organización.
Por segundo año consecutivo se ha desarrollado el acto en la playa de es Regueró, porque la de es Pouet, que es donde se celebraban las primeras convocatorias, se había quedado pequeña para la gran cantidad de gente que arrastraba.
La munición que iba a emplearse en la batalla (tomates) había sido dejada previamente en la playa en contenedores esparcidos por la arena para ser asequibles a los dos bandos. Los usuarios de la playa habían permanecido ajenos a los preparativos, dado que los contenedores estaban cubiertos con telas de plástico coronadas con arena.
Los tomates habían sido aportados desinteresadamente por la cooperativa Agroeivissa, una de las múltiples colaboraciones que ha logrado esta fiesta.
El desembarco de las tropas cartaginesas estaba anunciado para las siete de la tarde, pero ya mucho antes podía verse avanzar por la bahía a tres embarcaciones cargadas con soldados, que se acercaban con señales luminosas. Eran el ´Bohemio´ con su vela latina, capitaneado por Julio Frit, y además el ´Montse´ y el ´Céfiro´, cada uno de los tres con 35 cartagineses ataviados con sus vestidos de piel. Tres golondrinas repletas de público escoltaron a la tropa y desembarcaron en el muelle de pasajeros.
Los cartagineses descendieron de las naves y se acercaron a la playa, donde les esperaban los romanos, con vestimentas donde predominaban el blanco y el rojo. Como siempre, la guerra de los tomates se inició cuando los dos ejércitos (cientos de personas en cada bando) se negaron a atender a sus contrarios, que les obligaban a retroceder.
Al final no hay vencedores ni vencidos, pero se ve culminada la iniciativa de un grupo de personas apasionadas por introducir un poco de ilusión histórica en las fiestas populares. No faltó, como en años anteriores la torrada popular en la playa, ni la despedida musical, que este corrió a cargo de un grupo de fama nacional. «Creímos que Los Inhumanos, por su música y el espectáculo que montan, se adaptaba muy bien a esta fiesta», comenta Antoni Serra, portavoz de la Associació de Cartaginesos i Romans.
El concierto se celebró en el escenario montado especialmente por el Ayuntamiento en el extremo final de la playa de es Regueró, en la zona lindante con el paseo marítimo. La actividad es una muestra más de que el Consistorio se ha volcado también de una forma especial con esta fiesta. De hecho, este año es el segundo en que se extiende en el programa durante dos días. El viernes se habían celebrado juegos populares por la tarde en la playa y por la noche, una cena de hermandad entre las tropas de los dos bandos.
Una vez más, la fiesta contó con una representación de la tropa mercenaria Honderos Balears de Cartagena, que participan en las fiestas de romanos y cartagineses de esta ciudad murciana. Miembros de la asociación ibicenca corresponderán a la visita durante las fiestas cartaginenses del próximo octubre.
La Associació Cartaginesos i Romans organizan otras actividades durante el año, como excursiones guiadas a monumentos púnicos y romanos de la isla.