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SANT JOAN | RAÚL SÁNCHEZ / E. P.
«Pensaba en los erizos, en las lagartijas, en las ratas, estuve llorando, llevo dos días sin pegar ojo», comentaba ayer mientras observaba el monte quemado al lado de su casa Joan Torres Torres, de Can Savinar Xarracó. «Antes 20 personas bastábamos para apagar un fuego como este», añadió su padre, Joan Torres Torres. «Mis amigos vinieron a casa y todos lloramos al ver el monte», agregó Torres hijo.
Los vecinos de las alrededor de 30 viviendas desalojadas en Sant Joan han empezado a retornar a sus casas. El incendio, que comenzó en Benirràs el domingo por la tarde y que llegó hasta la zona de Punta Xarraca, está controlado, según informó la dirección general de Emergencias del Govern.
Algunas de estas viviendas tienen las puertas y ventanas dañadas por el fuego, aunque no hay ninguna casa calcinada, según informó ayer el alcalde del municipio, Antoni Marí Marí, Carraca. El Plan Especial de Incendios Forestales (Infobal) ha rebajado el nivel del incendio de 2 a 0, el más bajo.
El fuego aún no está extinguido
Sin embargo, ayer mismo los trabajadores del Institut balear de la Natura (Ibanat) y los bomberos seguían trabajando, acompañados por algunos medios aéreos, ya que el fuego no está totalmente extinguido. De hecho, en la zona aún se podían observar pequeñas humaredas.
«En Benirràs no se ha quemado ninguna casa», confirmaba en la arena de la cala Paqui, mientras disfrutaba de un día de playa con su madre. Sus padres, de 83 y 86 años de edad, respectivamente, estaban el domingo en la casa que la familia posee a unos metros de este enclave.
Paqui vio las llamas desde una barca. Su marido bajó rápidamente a tierra y fue al rescate de sus suegros, ayudado por un bombero. Ellos fueron de los pocos que consiguieron salir de Benirràs en coche, según explicó Paqui. «Pasamos mucho miedo», comentaba su madre. «El fuego llegó hasta las puertas de nuestra casa», añadió su hija.
Mientras tanto la cala va poco a poco retomando la normalidad, aunque ayer no había muchos bañistas. En los restaurantes de Benirràs no se hablaba de otra cosa, cuatro días después del incendio. «Se veía venir», comentaba una mujer. Los camareros de uno de los establecimientos lamentaban los días que ha estado cerrado el acceso a la playa.
Según ellos, la temporada estaba siendo «buena» hasta el domingo. El miércoles los turistas pudieron regresar a Benirràs, aunque por el momento la afluencia es menor que antes del incendio. Muchos de ellos, cámara en mano, captaban instantáneas del monte calcinado. Los coches que se quemaron ya han sido retirados por las grúas.
Varios operarios trabajaban para talar árboles calcinados en los alrededores del centro de yoga de Benirràs, que se vio bastante afectado, aunque las llamas no llegaron a los edificios principales. Un pequeño cuarto de baño al aire libre aparecía ayer solo con dos paredes. Las otras dos se quemaron.
En los alrededores de Benirràs la mayoría de las casas estaban vacías, ya que muchos de sus moradores son turistas que no pasan en ellas todo el verano (este periódico visitó más de una decena).
Otra zona que ha resultado afectada es Punta Xarraca, que ya se vio asolada por otro incendio en agosto del año pasado. Los operarios del Ibanat trabajaban ayer en la zona de monte situada en los alrededores del Camí des Caló de s´Illa, bifurcación de la carretera de Portinatx.
A unos 500 metros en el interior del bosque los operarios de Telefónica levantaban los postes que se quemaron en el incendio y trataban de volver a poner en marcha las conexiones telefónicas cortadas por las llamas.
Al final de este camino, enfrente de s´Illa d´en Calders y del Puig de s´Avenc, está la propiedad de los Torres Torres, que tiene más de cien años de antigüedad. Joan Torres recibe con agrado a los periodistas, ya que tiene ganas de expresar su opinión sobre el operativo del incendio.
Toda la vida trabajando
«Llevamos toda la vida trabajando mi padre y yo para tener esta propiedad», comenta orgulloso Torres, que posee una casa payesa de casi 300 metros cuadrados con huertos y jardines. El fuego no llegó a la vivienda pero sí a su hacienda. «Lo podéis ver, hay casi 50.000 metros cuadrados de monte calcinados, nos han estropeado la vista», lamentaba Torres, natural de la isla, como sus padres.
El lunes por la tarde la Guardia Civil llamó a su puerta y les dio cinco minutos para desalojar la casa, ya que estaban llegando las llamas. «Mi padre ha trabajado toda la vida como carbonero y agricultor y conoce mejor la evolución de los incendios que los técnicos actuales», comentó Torres.
«El viento soplaba de sur a norte, no había peligro para la casa, por eso regresamos a las cuatro horas», explicó Torres padre. Joan Torres tiene 73 años y, como su mujer, de 77 años, tiene problemas de salud.
«Estamos desprotegidos, aquí no tiraron agua hasta que todo se quemó», se lamentaba Torres hijo, que agradece la labor del Ibanat, de los bomberos y de la Unidad Militar de Emergencias, pero no de las personas que los dirigen. «Las órdenes dejaron mucho que desear», según este afectado, que dijo hablar en nombre de los vecinos de la zona.
«Llamé al alcalde y le dije que nos quedábamos», comentó Torres padre, que tampoco estaba satisfecho con la dirección de las tareas de extinción. «Toni Marí nos dijo que si no desalojábamos era bajo nuestra responsabilidad», añadió.
«Ya no se puede hacer nada pero pretendemos que lo sucedido sirva de precedente para que algo así no vuelva a ocurrir», añadió Torres hijo. «Que nuestra voz se haga oír, queremos que los medios de comunicación nos escuchen a nosotros al igual que hacen con los políticos», concluyó.
«Mi padre ya no podrá ver esta zona de monte como estaba antes del domingo», se lamentó finalmente Joan Torres.
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