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IBIZA | RAÚL SÁNCHEZ Los abogados defensores de los cuatro imputados por el vertido de hidrocarburos de Santa Gertrudis afirmaron ayer que los afectados han exagerado los daños sufridos. «No fue para tanto, utilizaban el agua para regar sus huertos, no para hacer negocio», comentó uno de los letrados. «Sólo fueron dos los afectados», añadió otra.
Sin embargo, la representante del Ministerio Fiscal explicó en sus conclusiones definitivas que los imputados «tenían prisa por abrir la gasolinera de Santa Gertrudis porque llegaba el verano y es la época de mayor negocio». La fiscal añadió que los acusados siguieron utilizando el tanque que causó el vertido, manteniendo con ello el peligro de contaminación para las aguas de la zona.
En la cuarta y última sesión de este juicio, la representante del Ministerio Público mantuvo la petición de penas: cuatro años de prisión para el administrador único de la empresa Hidrotechnik, propietaria de la estación de servicio de Santa Gertrudis, H. H. H.; para una de las apoderadas, E. M. G. F. (que no acudió a la sesión celebrada ayer en el Juzgado de lo Penal número 2 de Ibiza porque está en Austria), y para la encargada de la gasolinera, M. M. T., como autores de sendos delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente. Para el director de las obras, J. G. M., la fiscal solicitó tres meses de prisión sustituibles por una multa de 8.400 euros.
En septiembre de 2002 se rompió el tanque de combustible del depósito número 3 de la estación de servicio. En mayo de 2003 los vecinos de la zona denunciaron que sus pozos estaban contaminados por hidrocarburos. En noviembre de ese año los operarios contratados por el Govern comenzaron los trabajos de descontaminación de la zona, después de que la gasolinera fuese precintada en agosto.
La juez Martina Rodríguez, titular del Juzgado de lo Penal número 2 de Ibiza, dejó el juicio visto para sentencia después de escuchar los informes definitivos de todas las partes personadas en la causa. «El principal responsable es H. H. H., no sirve la versión exculpatoria de que no habla bien español o de que se encontraba fuera del país cuando se produjo el vertido», comentó la fiscal.
La letrada del Govern, que solicita dos millones de euros en concepto de responsabilidad civil, recordó que fueron 450.000 metros cúbicos de agua los afectados. El jefe de Servicios, Estudios y Planificación de la Dircción General de Recursos Hídricos del Govern balear, Alfredo Barón, declaró en la segunda sesión del juicio que el vertido de la estación de servicio que contaminó los pozos de agua de los vecinos de Santa Gertrudis fue de entre 20.000 y 30.000 litros de gasolina sin plomo y que la fuga se produjo en el periodo comprendido entre el otoño de 2001 y el invierno de 2002.
«No se ha presentado un solo peritaje que explicase que se vertieron 20.000 litros de gasolina», refutó uno de los letrados de la defensa.
Los abogados de la acusación particular, que representan a los vecinos afectados por el vertido, coincidieron en comentar que se trató del «mayor desastre ecológico de la historia de Balears».
«Los anclajes a los que se refiere el perito judicial son cuatro alambres de gallinero», explicó uno de los abogados, que coincidió con la fiscal en afirmar que los imputados tenían gran interés en que la gasolinera siguiese funcionando en verano, una época de mucho negocio.
Todos estos letrados se adhirieron a la petición de penas del Ministerio Fiscal. Uno de ellos explicó que reclaman por el agua que tuvieron que comprar los perjudicados, por el cese de su actividad agrícola y por la pérdida de valor de sus fincas. «En los análisis del vertido se han detectado componenentes que pueden provoca cáncer», comentó una de las abogadas.
Delito prescrito
Las defensas explicaron que este delito debería haber prescrito a los tres años, puesto que se trata de una imprudencia, según ellos. Los abogados coincidieron en plantear la dilación indebida del proceso. «Ocho años de instrucción no es un tiempo lógico», explicó uno de ellos.
«No hemos hecho nada malo», comentó en el turno de la última palabra M. M. T., la encargada de la gasolinera. «Me siento orgulloso de mi trabajo», añadió J. G. M., el director de obra.
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