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IBIZA | EUGENIO RODRÍGUEZ Aparte de la importancia ecológica de las praderas de posidonia para la costa, un estudio científico revela que también sirven para conocer la evolución histórica de la calidad de las aguas, en función de la concentración de elementos metales que quedan marcados en sus rizomas, el tallo. El químico Antonio Tovar Sánchez, del departamento de Investigación del Cambio Global del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-UIB), ha dirigido un estudio en el que han coparticipado otros cuatro científicos, aparte de estudiantes en la recogida de muestras, que concluye que los rizomas de esta planta acuática son capaces de registrar en su tallo, como «una cinta de grabación», las condiciones ambientales del agua. El estudio ha sido publicado en la revista científica Journal of Geophysical Research-Biogeosciences.
Tovar asegura que esta es la conclusión «más relevante» del análisis de la concentración de metales (aluminio, plata, cadmio, cobre, cromo, cobalto, hierro, manganeso, níquel, plomo y zinc) efectuado en 51 praderas de posidonia del archipiélago balear, 19 de ellas en Ibiza y Formentera. El científico explica que en cada planta cada año crecen tres o cuatro hojas que, al mudar, dejan una señal en el tallo, donde quedan registrados los elementos químicos que llegan a la planta y ésta no absorbe, como la mayoría de los metálicos. «Cada centímetro de rizoma coincide con un año de vida de la planta», explica Tovar.
Así, con un tallo de 20 centímetros de posidonia se puede extraer la evolución histórica de las condiciones ambientales del agua en la que se ha desarrollado la planta durante las últimas dos décadas. De hecho, el estudio científico se ha hecho con tallos de posidonia desde 4,5 centímetros, el más pequeño, hasta algo más de 30 centímetros.
Los resultados desvelan que las praderas de Formentera e Ibiza (por este orden) son las que presentan una menor concentración de metales en comparación con las de Menorca y Mallorca. En todo caso, Tovar advierte de que en ningún caso se puede hablar de que las plantas estén o no contaminadas, ya que, según explica, no existe ninguna tabla que establezca que a partir de una determinada concentración de un metal se pueda hablar de contaminación. Además, ninguna de las praderas en las que se ha hallado una mayor concentración de estos elementos, algunos tóxicos, contaminantes o nutritivos, como el hierro, se encuentra en regresión. El estudio no ha analizado en ningún caso la salud de las praderas de posidonia, sino la concentración de metales.
En el caso de los elementos metálicos más nocivos, que son el cadmio y el plomo, también las plantas de Formentera e Ibiza presentan una menor concentración en comparación con las de las otras islas del archipiélago. La presencia de estos elementos y otros varía en función de la localización de las praderas, ya sea en las proximidades de los puertos o de algún emisario submarino.
De todos modos, el estudio revela dos patrones generales que son muy curiosos. Del análisis de las muestras se extrae que en los últimos 15-20 años se ha producido una bajada generalizada en todas las islas, sin excepciones, de la concentración de plata (Ag) en las extensiones de posidonia, circunstancia que se atribuye al cambio del uso de las cámaras de fotografía analógicas por las digitales. Tovar explica que para el revelado de las fotografías se utilizaban productos químicos que incluyen plata que acababan en la depuradora y de allí al mar.
La arena del Sáhara
Lo mismo sucede con los registros de níquel y zinc, que en todas las praderas analizadas muestran un aumento generalizado en los últimos años. «Nos preguntábamos de dónde procedían estos elementos y pensábamos que debía ser algo muy general para afectar de forma tan clara en todo el archipiélago», indica el director del estudio. Para averiguarlo, se utilizaron imágenes del satélite de la NASA que identifica las partículas en suspensión en el aire, cuya evolución gráfica de los últimos 15 años coincide con el incremento «casi idéntico» de la concentración de niquel y zinc en la posidonia. Así, los científicos concluyen que el polvo del Sáhara, cuya deposición en las islas en forma de lluvia cada vez es más frecuente por el calentamiento global, es la causa del aumento de la presencia de estos metales. ¿Pero por qué zinc y niquel y no otros elementos? «Por el efecto de las partículas en suspensión en el aire, debería aumentar también la presencia de hierro (Fe), pero las praderas de posidonia de Balears presentan un déficit de este elemento (por las condiciones carbonatadas de los sedimentos), por lo que lo absorben íntegramente para su crecimiento y no deja una marca», explica Tovar.
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