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SANT JOSEP | PEP RIBAS Catalina Tur Marí, conocida como Catalina de Can Pou, de noventa años de edad, recibirá esta noche un homenaje de la población de Sant Josep por una vida dedicada a la docencia. El programa de actos, organizado por ex alumnos de Catalina y con la colaboración del Ayuntamiento y de los diferentes colectivos sociales del pueblo, se iniciará a las 19 horas con una misa en la iglesia parroquial y continuará después con una fiesta en las escuelas viejas del pueblo. En las paredes de la sala se han colgado fotografías y documentos relacionados con su labor como educadora.
Catalina Tur Marí nació el 28 de enero de 1920 en Can Pep d´en Pou de sa Talaia, en una familia de nueve hermanos (siete varones y dos mujeres), en una época en la que para la juventud del campo cursar estudios superiores era prácticamente impensable, y más en el caso de las chicas. Sin embargo, ella fue la única de los hermanos que estudió. Cuando estaba en el Bachillerato (antes de la Guerra Civil) era la única chica estudiante de Sant Josep, y había sólo un chico, Josep Tur Serra, Coques.
Catalina es consciente de que su formación como maestra fue un caso atípico en aquella época y más en un lugar como Ibiza, pero sabe de donde le vinieron las influencias para decidirse por la docencia: «Tenía dos primas en Palma y las dos eran maestras. Este fue el motivo por el que escogí esta profesión», afirma.
Los convulsos años treinta marcaron la formación de la joven josepina, dado que la Escuela Normal de Palma se cerró debido a la Guerra Civil y no pudo terminar su carrera en el tiempo previsto. Pero a pesar de ello, su vocación docente la llevó en su juventud, aun antes de terminar sus estudios, a dar clases de repaso a algunos jóvenes de su pueblo.
Antes de obtener su titulación como maestra nacional, en 1949 se casó con Josep Ribas, Pep d´en Nebot, y de su matrimonio nacieron tres hijas y un hijo, aunque éste murió bebé. La primera, Margarita, vino al mundo el mismo día en que comunicaron a la maestra su primer destino: una plaza de interina en la escuela de Sant Josep.
Aquí trabajó durante un año y al año siguiente tuvo que marchar a la escuela de Sant Carles. Pero renunció a la plaza debido a la distancia y las malas comunicaciones que había entonces entre este pueblo y el resto de la isla.
En 1952 fue nombrada maestra de Sant Jordi, donde permaneció durante tres cursos. Después volvió un año a Sant Josep, como sustituta, y siguió recorriendo escuelas rurales de la isla, trabajando un año en cada una. De esta forma pasó por Sant Llorenç, es Puig d´en Cristòfol (Santa Gertrudis) y Sant Mateu, siempre como maestra interina.
En este punto, decidió presentarse a las oposiciones con el fin de obtener una plaza fija, y con miras a poder ejercerla en el pueblo de Sant Josep. Ganó la oposición y tuvo que hacer prácticas un año en Sant Antoni, para pasar a continuación a ocupar su plaza: podía elegir entre Sant Carles y Cala Vedella, y optó por esta última.
«En Cala Vedella tuvimos una vivienda muy buena, en plena playa, una casa que nos dejaba una amiga francesa, pero la escuela era muy poquita cosa, un inmueble pequeñito que habían construido los vecinos», explica Catalina, acerca del centro en el que finalmente estuvo trabajando más tiempo, desde 1962 hasta 1975. En esta fecha se inauguró el nuevo colegio de l´Urgell, que asumió también el de Cala Vedella, y Catalina de Can Pep d´en Nebot, o de Can Pou, tuvo una plaza de maestra en el pueblo de Sant Josep.
La maestra se jubiló en 1985 y tiene un gran recuerdo de aquella fecha, porque ya entonces se le rindió un homenaje en reconocimiento de su labor docente, y recibió regalos de los maestros, de los padres de alumnos y de los alumnos. No obstante, también recuerda que para ella resultó traumático dejar el trabajo. «Me daba mucha pena –comenta–. Cuando ya me faltaban pocos días para irme, mientras estaba en mi casa haciendo alguna tarea, me lo decía a mí misma y se me caían las lágrimas».
Ahora Catalina dice que no se merece otro homenaje, pero quiere agradecer a toda la gente que ha colaborado en su organización. Afirma sentir pena, porque ya no se siente tan bien como antes. Señala que oye poco y que a veces le da vértigo, por lo que se ha caído dos veces recientemente. Pero tiene a sus hijas en las que apoyarse.
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