IBIZA | RAQUEL SÁNCHEZ
Lucía es una compañera de clase de Estela. Tiene la fea costumbre de pellizcar y hacer daño a otros niños. A Estela le deja el brazo rojo y lleno de cardenales, pero ella no dice nada. No quiere ser una chivata. Hasta que un día su profesora descubre lo que está pasando, la ayuda y le pregunta por qué no se había quejado antes. «Nadie te puede ayudar si no cuentas lo que te está pasando». Quien pronuncia esta frase es Luz Fernández, educadora social y miembros de la Asociación red de Ayuda a Niños Abusados (RANA). Luz y la coordinadora de esta ONG, la psicóloga Beatriz Benavente, estuvieron ayer en Ibiza para iniciar una campaña de prevención de los abusos sexuales a menores. Lo hicieron en el colegio de Sant Carles con dos cursos de niños de 10 y 11 años.
´Crida ben fort, Estela!´ es el título del cuento que utilizan para enseñar a los pequeños a reaccionar, pero sin alarmarles. Estela es una niña tímida, como muchos otros. «Si alguien te hace daño o algo que no te gusta debes decir ´¡para!´. Si esa persona sigue tienes que pedir ayuda. Si no te hace caso, díselo a la profesora y, si nadie te escucha, grita», de esta forma resume la educadora a los niños qué deben hacer cuando alguien les hace sentir mal. Los ejemplos de las situaciones a las que se enfrenta Estela continúan, a oscuras y con proyecciones, en el aula de informática. Su madre le hace daño al peinarla, la niña se lo dice y mamá le pide perdón y le cepilla el pelo con más suavidad. Es un ejemplo sencillo, pero que acerca a los escolares al ámbito familiar. El siguiente es más duro. El tío Anselmo baña a Estela. La toca y la acaricia de una forma que a ella le molesta. Le dice que es un juego, pero a Estela no le divierte. Le dice que es un secreto y que, si lo cuenta, le reñirán y le echarán la culpa. «Cada cual es el único dueño de su cuerpo y debe hacer que los demás lo respeten», puntualiza Luz antes de proseguir con la historia. Estela saca fuerzas para hablar y le dice a su tío que pare. Pero él no le hace caso, a veces pasa. Entonces siente algo en la barriga que le llega hasta la garganta, se le abre la boca y sale un grito tan fuerte que lo oyen sus padres y abren la puerta del baño.
El cuento lo escribió Isabel Olid, compañera de Luz y Beatriz en RANA y víctima de abusos sexuales en su infancia. Isabel no quería que a otros niños les ocurriera lo mismo que a ella y decidió proporcionar una herramienta a los pequeños para enfrentarse a este tipo de situaciones. Su historia sobre Estela y la voz reconfortante de Luz surten efecto. Los 25 niños de sexto de Primaria comienzan a contar en voz alta, con total naturalidad, las situaciones de riesgo de abusos que han sufrido. Las profesoras y las integrantes de RANA asisten estupefactas a esta experiencia.
La organización, con sede en Palma y ámbito de actuación balear, ha realizado varias presentaciones de este cuento en Mallorca, pero siempre con niños de más corta edad. Nunca habían presenciado una reacción como la que hubo ayer en Ibiza. Profusión de testimonios narrando extrañas llamadas telefónicas, señores que piden a menores que suban a su coche, bañistas que ofrecen piruletas a hermanitas… Las estadísticas dicen que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños se pueden convertir en víctimas de abuso sexual antes de cumplir los 18 años. A juzgar por las experiencias que cuentan los niños, pueden ser muchos más.
Personas de confianza
«No porque las personas sean mayores tenemos que hacer siempre lo que ellos dicen», confirma Luz entre intervención e intervención. «No quiero asustaros, ni que penséis que todos los que nos rodean van a hacernos daño. Sólo quiero que sepáis qué es lo que debéis hacer si pasa. Y no pasa nada por decirle a un adulto ´no, yo no te puedo ayudar, pídeselo a otra persona´», insiste. La experta reconduce la situación: «Estamos hablando de personas desconocidas que nos han perseguido y nos han asustado, pero a veces son personas que sí conocemos y no por eso hay que dejar que hagan lo que quieran». A veces, cuando los niños hablan, no se les cree. Por eso sugiere que piensen en una persona que seguro que les ayudaría en casa, otra en las escuela y otra en la calle (un policía, por ejemplo). «Si un día pasa algo malo, porque a veces no se puede evitar, hay que contarlo a los padres o en el cole al día siguiente. Hay que hacerlo para que no se repita», concluye Fernández. Durante la charla aconsejan entrar en la web de la organización asociacionrana.org para informarse y llamar al 112 ante cualquier situación que les parezca peligrosa o anormal.
Los niños no son los únicos destinatarios del trabajo de RANA. En esta ocasión viajaron hasta Ibiza por iniciativa del colegio de Sant Carles. El Govern balear pagó su desplazamiento y la Asociación de Padres y Madres de Alumnos de la escuela financió un curso intensivo de cuatro horas para los profesores, que tuvo lugar ayer. Esta mañana, Beatriz y Luz impartirán también un taller de prevención de abusos sexuales a menores al equipo de orientadores de la conselleria de Educación.
RANA ofrece además un taller dirigido a los padres. El colegio Sant Carles tiene previsto programarlo en octubre y ha pedido a la concejalía de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Santa Eulària que asuma esta actividad en todos los centros escolares del municipio.