GANDIA | S. SAPENA
Un pescador de Oliva (Valencia) que navegaba con su hijo en la barca ´Siroco´ rescató poco antes de las once de la mañana de ayer a dos ciudadanos alemanes, un hombre y una mujer, que permanecieron 14 horas en una balsa de salvamento tras hundirse el velero en el que viajaban, que hacía la travesía de Cartagena a Ibiza.
El naufragio tuvo lugar la noche anterior a 26 millas de la costa de Altea (Alicante). Por causas que se desconocen, el velero se hundió rápidamente pero los dos tripulantes, de unos ochenta años, pudieron ponerse a salvo en una balsa de emergencia desde la que telefonearon a un familiar en Cartagena que, a su vez, alertó a los servicios de emergencias. El velero se fue a pique cuando el mar estaba en buenas condiciones y con viento flojo.
Pese a que Salvamento Marítimo movilizó un avión, un helicóptero y tres barcas que durante la noche trataron de localizar la balsa en la que iban los dos náufragos, no fue hasta poco antes de las once de la mañana cuando el pesquero los encontró.
Pascual Pous, el pescador que navegaba en el ´Siroco´, explicó que prácticamente no pudo comunicarse con los náufragos porque sólo hablaban alemán, aunque inmediatamente apreció que su estado de salud era bueno, que su ropa estaba seca y que su vida no corría peligro. Tras avisar a la Guardia Civil y ya con los náufragos a bordo, se dirigió al Club Náutico de Oliva, que dista unas diez millas. «Ni siquiera sé de dónde son ni cómo están», indicó Pous.
Un equipo de atención de la Cruz Roja esperó en las inmediaciones del puerto, pero los ciudadanos alemanes se limitaron a señalar que estaban bien, que no precisaban ningún tipo de asistencia médica y que sólo querían regresar con sus familiares.
Al parecer, los dos náufragos no eran simples aficionados a la navegación y eso les salvó la vida. Un socorrista de Cruz Roja explicó que iban perfectamente equipados con ropa técnica y material de calidad para superar las emergencias.
Dos horas después de su llegada a Oliva y tras comer en un restaurante, se marcharon en un vehículo que había llegado para recogerlos, seguramente en dirección a Cartagena. «Han pasado casi desapercibidos y sólo tenían el aspecto de estar algo cansados», señaló una de las personas que les atendió mientras esperaban la llegada del coche.