IBIZA | MARTA TORRES
El escenario se enciende. La platea se apaga. Dos butacas. Dos poetas. Un libro: ´Tres tratados de armonía´. «¿Qué es la armonía?». La pregunta inevitable sale de la boca de Vicente Valero, premio Loewe de poesía y presentador del acto. «La literatura sana al que la lee y al que la escribe. La armonía no está en un afán de plenitud, no es un estado de fantasía o de escapismo. La armonía viene después de la prueba, de las dificultades, del cristal que se rompe», contesta el poeta Antonio Colinas, de vuelta en la isla para presentar un libro que está lleno de Ibiza, como comentan ambos poetas en su conversación ante casi un centenar de personas en el Club Diario de Ibiza. Lleno de «paisajes tan perfectos» que hubieran hecho llorar a un Colinas adolescente, de «mañanas cargadas de flores», de abubillas que responden a tórtolas, de «estrellas de los adioses» que danzan y de añoradas «noches azules».
Valero destaca la «unidad» de los textos a pesar de que casi veinte años separan el primero («Venus temblando húmeda y pura sobre el horizonte…») del último («…tu cuerpo, que vence a la muerte que da vida. Aún»). Se detiene en una naturaleza «que ve símbolos y anuncia verdades» y en un pensamiento poético «que busca los extremos». Pasea sobre unos textos «que sobrepasan los géneros» y que conducen al lector «a la confianza».
Colinas se reconoce incapaz de clasificar las palabras que llenan de imágenes las 324 páginas de sus tres tratados (editados por primera vez juntos incluyendo el inédito ´Tercer tratado de armonía´). «Diario personal», «reflexiones», «poemas en prosa», «contemplaciones», son algunas de las palabras con las que define el libro que tiene junto a su butaca, desde la que habla del diálogo entre el paisaje de su infancia, su León natal, y el de la madurez, la isla en la que perderse en un camino por la noche no era un problema sino una oportunidad. «Hay dos valles, dos luces, dos casas, dos tipos de árboles», añade Antonio Colinas.
«¿El tercer tratado cierra el ciclo?», pregunta Vicente Valero. «Creo que sí. Al acabar un libro tienes las sensación de que no vas a escribir más. Y lo haces. Pero veo la trilogía más cerrada que nunca», contesta el autor, que confiesa que esa tercera parte del libro nació después de marcharse de nuevo a León.
Valero calla. Colinas se levanta de la butaca. Lleva en la mano su ejemplar de ´Tres tratados de armonía´, marcado con una escalera de post-it verdes, azules y rojos. «De pie respiramos mejor», justifica abriendo el libro en el atril para guiar un breve paseo por sus palabras: «Al fondo, las enhiestas montañas. Delante, todo el valle cargado de pinos. En primer lugar, tres almendros cuajados de flores, tres fogonazos de luz…».