IBIZA | ALBERTO FERRER
La presión popular obligó a adelantar unos minutos la inauguración de la primera edición de invierno de la Feria de Stocks en el Recinto Ferial, según comentaba uno de los participantes en el acto protocolario: «Lo hemos recortado porque había mucha gente esperando», aseguró otro. Así, la comitiva de autoridades y representantes de los organizadores, la Pequeña y Mediana Empresa de Eivissa y Formentera (Pimeef), quedó diluida en la maraña de visitantes que, desde el primer minuto, empezaron a recorrer a buen paso los pasillos llenos de gangas. «Esperamos recibir a unas 10.000 personas este fin de semana», explicó el técnico de comercio de la patronal, Vicent Tur.
Son algunos menos que los 12.000 que acuden a las últimas ediciones de las ferias del final de verano –se han hecho cinco ya–, en las que también participan más comercios. «Aquí sólo están tiendas que abren todo el año», alrededor de 70 participantes. Son, sobre todo, comercios de ropa, zapatos, y complementos.
Algunos acuden un poco forzados: «Cada vez se vende menos durante la temporada», comenta Celia Costa, de la tienda Colorins de Sant Antoni. «Nos cuesta venir pero hay que vaciar el género de la temporada de invierno», explica. Ya estuvo en la última feria de verano y salió satisfecha de las ventas. Otros, como el óptico Georg Seidel, están convencidos de que volverán el año que viene, visto el éxito que están teniendo. «Quiero vaciar el género del verano pasado», asegura, mientras una señora se prueba unas gafas de sol: «Son unas Roberto Cavalli de 300 euros del año pasado y las vendo a 120», explica Seidel. El trato debe ser razonable porque empiezan a clareársele los expositores.
Paulo, del centro de buceo Vell Marí, pasa revista al género que tienen a la venta: «Un traje de neopreno de 200 euros lo puedes comprar aquí a 90 solamente», asegura. Estuvo en la primera edición de la feria, hace algunos años, y esta es la segunda vez que participa, porque en su negocio no les quedaba nada que liquidar.
Un ´todo a un euro´ oferta a ocho euros todo tipo de prendas de ropa, dos expositores más allá hay zapatos a 10 euros. Si uno los quiere de primeras marcas sólo tiene que buscar el pasillo adecuado, aunque los números son otro cantar. Carmen acaba de entrar y ya lleva dos pares de zapatos y unos bóxer: «Me he gastado 12 euros», dice, lo que calcula que es una tercera parte de su precio habitual. Eva, que llega directa del aeropuerto, se ha ahorrado algún cero más: ha pagado diez euros por una camisa y 30 por un vestido que «en la tienda cuesta 200 euros».
Hay alguna que otra extravagancia, como deshumidificadores o lámparas de lava, incluso hay quien vende varias a la vez, además de tejanos y discos: Angie Sanhueza se justifica: «Es que tenemos tres tiendas» y las comprimen en un único estand. Todo lo ha rebajado «un 60%».