IBIZA | MARTA TORRES
«Los libros tienen una vída tímida, secreta. Están cerrados y sus páginas sólo las puede ver su dueño. Ahora los libros salen a las paredes». Así explica Félix Waske en qué consiste la exposición ´Libros de artista´, que se inaugura el jueves a las doce del mediodía y se incluye en el programa de las jornadas literarias Puerto Mediterráneo del Libro. «Los libros son como una isla de un océano del sur en el que vive gente normal, sin que las haya descubierto todavía el capitán Cook», añade Waske mirando algunos de los libros que ya reposan en las vitrinas.
Pintados, escritos, pegados. Algunos con hojas tan trabajadas que parece imposible volver a cerrar el volumen que se abre como un acordeón para la muestra. «Es de Turi Werkner. Tenía más de 400 ejemplares como éste», aclara Waske, que destaca la calidad del papel de estos libros, capaz de soportar sin deshacerse el agua de las acuarelas y las infinitas pasadas de lápiz o tinta china.
En la misma vitrina hay un par de pequeños libros dibujados a lápiz por Micus, uno grande con las tapas envejecidas de Trökes, uno de Evru en el que los personajes de las páginas impares se combinan con la bella caligrafía de las palabras de las pares, varios del propio Waske y otros que están por llegar. El artista saca del armario de cristal un ejemplar muy especial: el libro que han pintado a medias él y su nieta Sofía. Los personajes infernales de diminutos trazos del abuelo se mezclan con los corazones de colorines de la nieta, que fue el impulsora de este volumen. «Me dijo que por qué no pintábamos un libro juntos», comenta pasando las hojas, pintadas en 2006 y 2007.
Los libros de las vitrinas continúan en las paredes de la galería Via2, que excepcionalmente abrirá este domingo. Algunos de los dibujos de Waske se han despegado de las páginas y se muestran enmarcados. En los jirones de papel, muchos de ellos regalos para su mujer, se aprecian fantasmas, algún corazón, y se adivinan figuras de sirenas, mujeres y monstruos entre los millones de líneas y curvas que caben en cada una de las piezas, en las que se cuelan números de teléfono y citas de agenda. «Tardo una semana en pintar cada uno», indica el autor, que explica que la idea de la exposición surgió del organizador del encuentro, Gabriel Torres Chalk.
Frente a ellos, los dibujos de Jean Willi. Enredos en tinta china, similares a los que pueden verse en la urna de los leporellos, que ya se expusieron en el espacio Micus. Libretas moleskine de acordeón en las que los dibujos continúan cuando termina la página.