SANT JOSEP | PEP RIBAS
El negocio más antiguo de sa Raval de Sant Josep, el bar Bernat Vinya, con unos 150 años dedicado a la actividad comercial, se ha hecho acreedor a la Medalla al Mérito que concede el Ayuntamiento de sa Talaia. El acto de entrega, presidido por el alcalde, Josep Marí Ribas, Agustinet, tendrá lugar mañana a las 20 horas en la sala de plenos.
A la hora de otorgar esta distinción, el Consistorio ha tenido en cuenta la trayectoria empresarial, laboral y social del Bar Bernat Vinya. El alcalde elogió esta labor de más de un siglo en un artículo que publicaba el pasado domingo en Diario de Ibiza. Josep Marí Ribas, Agustinet, considera que, a falta de lugares públicos, este establecimiento ha sido durante muchos años el centro social de la localidad.
Can Bernat Vinya fue gestionado durante sus primeros años, en la última mitad del siglo XIX, por los hermanos Joan y Bernat y la esposa del primero, Francisca de Cas Costes de ses Salines. Al principio el negocio se dedicaba a comercializar productos de la tierra y de los montes de Sant Josep, como algarrobas, almendras y carbón, pero este género dejó de ser rentable, y el establecimiento se convirtió en cafetería, que es el uso que tiene actualmente.
Joan y Francisca de Can Bernat Vinya fueron los abuelos del actual propietario, Bernat Marí Guasch, y de su hermano Joan, fallecido hace ahora tres años. Joan y Bernat heredaron el bar y, aunque tenían otros negocios relacionados con el turismo, durante años trabajaron ellos mismos en el local, de una forma «muy peculiar», confiesa el actual responsable del negocio, Pep Torres Ferrer, Rafal, de 58 años, que lleva a cabo este trabajo durante los últimos cuarenta años. Hasta hace siete lo compartió con su tío, Toni Ferrer Marí, Graner, jubilado hace ahora siete años.
Pep Rafal confiesa que los hermanos Joan y Bernat de Can Bernat Vinya fueron sus maestros en el negocio. «Eran otros tiempos –apunta–. Entonces se abría todos los días muy temprano por la mañana y se cerraba muy tarde. Tenían un trato muy amigable con la gente. Es lo que hemos intentado seguir haciendo siempre, y aquí el cliente es antes que nada un amigo. Claro que los hermanos Bernat Vinya tenían una gracia especial innata. Y se lo pasaban bien trabajando».
Servicio todo el año
Durante los años que los hermanos Bernat Vinya gestionaron el local, este abría ininterrumpidamente los 365 días del año. Ya con las familias de Graner y Rafal pasó a cerrar unas horas los días de Navidad y Año Nuevo «para poder hacer la comida con la familia». El resto del día, también en ambas jornadas, el local permanece abierto.
Pep Rafal se manifiesta «orgulloso y satisfecho» por la distinción del Ayuntamiento, que para él significa que «si (el bar) se ha mantenido durante todos estos años y la gente está contenta, es que las cosas se han hecho bien». Pero quiere puntualizar por una parte que este premio «lo merecen también» sus clientes: «Sin ellos el bar no seria nadie». «El Bar Bernat Vinya es lo que es gracias a nuestros trabajadores, que siempre, en todo momento, han estado al pie del cañón, dispuestos a lo que sea necesario», considera. El bar tiene actualmente cuatro empleados, además del jefe y de su esposa, que trabaja en la tienda adjunta al bar y que de vez en cuando echa también una mano.
Rafal agradeció el artículo del domingo firmado por el alcalde y corrobora que, efectivamente, durante muchos años ha servido de local de reunión no sólo a personajes poderosos del pueblos, sino de cualquier índole. «Aquí –señala– los transportistas se dirigían a sus trabajadores e incluso el médico se reunía con sus pacientes. Era el único local de reunión que había».
El bar ha sido también durante muchos años el lugar habitual de reunión de las personas de la tercera edad, que lo utilizaban para jugar sus partidas de cartas. El bar ya no cumple esta función, puesto que el colectivo ya cuenta con el local dispuesto por el Ayuntamiento para este fin. Tampoco se celebran reuniones políticas, dado que los partidos ya disponen de sus propias sedes.
Para Pep Rafal, que empezó a trabajar allí de niño, el bar ha sido su vida. Allí conoció a su mujer, con quien tiene un hijo, Josep, «un pequeño rebelde de cuatro años», y allí ha pasado buena parte de su tiempo. No cree que la crisis haya afectado especialmente al negocio, aunque sí que en los últimos años han venido menos extranjeros.
Esta carencia se compensa con los numerosísimos extranjeros que pasan sus vacaciones en Sant Josep y cuya visita nunca falta para sus amigos de Can Bernat Vinya. Los tiempos están cambiando y con ellos también la clientela del bar, que ahora, en general, es más joven.