SANT JOSEP | ALBERTO FERRER
A pesar del frío que se registraba ayer por la mañana en las inmediaciones de Benimussa, un centenar de personas se animaron a ponerse las chirucas para participar en la tradicional romería a sa capella d´en Serra, levantada por el vecino de San Jordi Vicent Serra en 1919 en agradecimiento a haber sobrevivido a la guerra en el norte de África. También moldeó y coció la imagen del Cristo que preside su única estancia, negra y algo agrietada por el paso del tiempo, vestida con varios mantones de colores oscuros y detalles en oro.
La excursión transcurrió sin incidentes, a pesar de las dificultades que algunos participantes padecieron para poder llegar hasta la cumbre. Jaume Sala, de 76 años y con una operación en la espalda, logró ascender hasta el repecho donde se celebró una misa oficiada por el párroco de Sant Josep, José Luís Mollà, en el altar situado en una explanada antes de la última rampa que conduce hasta la pequeña capilla. Sala decía, orgulloso, que el año pasado no logró culminar la cima y confiaba en poder hacer una fogata para celebrarlo con una torrada. Su esposa, Júnia, y él llegaron de Sant Francesc de Paula para participar «por segunda vez» en el esta romería. «Vamos a reposar, a beber y tomar un bocadito», se despidió Sala tomando el camino de bajada.
Catalina, de 72 años, acude desde hace muchos años a este encuentro, en el que participan vecinos de todo el municipio. Ella misma acude desde Sant Jordi: «Al principio veníamos mucha gente andando desde el pueblo –lo que les llevaba todo el día– pero ahora sólo subo el último tramo», explicaba. Hace años, después de el ascenso, los participantes bajaban a las faldas del monte y «había baile y se comía». Quería ponerse a prueba y sonríe porque ha logrado subir, «no sé si es la de la despedida», comenta a un conocido.
Ayer no parecía que nadie llevara el tambor y la flaüta en la mochila entre los que iban llegando, justos de resuello, al pequeño altar preparado para la misa, lleno a rebosar de flores y ante una gran cruz instalada hace unos años que se recorta contra el horizonte. Joan Marí Tur, exconseller de Cultura, explicó antes del oficio que es tradición subir tallos floridos en la romería y traerle «algún vestido» a la imagen del Cristo de la capilla.
La cima de una de las mayores elevaciones de la isla es el lugar que eligió Serra para cumplir la promesa que hizo mientras combatía en Argel. De vuelta a la isla, levantó el pequeño templo subiendo cada piedra hasta la cima del monte y puso sus iniciales en la fachada, instruía Marí Tur a los desconocedores de la tradición del lugar. Serra coció la imagen crucificada «en una fábrica que había a la llegada de Sant Jordi», añade.
Dicen que aquí se cumplen las promesas, como en sa Creu d´en Ribes de Santa Eulària, aunque Vicent des Pou, vecino de Cala Vedella de 69 años, comenta que no conoce a nadie al que le haya sucedido: «Yo vengo por tradición y por voluntad, soy poco de promesas». El reto es superar las escarpadas rampas, tanto en la subida como en el camino de vuelta tras la romería.