IBIZA | R. S.
La juez Martina Rodríguez ha condenado a 21 meses de prisión a un policía nacional que en octubre de 2007 estaba adscrito a la comisaría de Ibiza y que coaccionó a dos turistas en Platja d´en Bossa. Además, el agente utilizó su placa profesional para amedrentar a los denunciantes y zarandeó a uno de ellos, según consta en la sentencia dictada por la titular del Juzgado de lo Penal número 2 de la isla.
En concreto, la condena es de un año y nueve meses de prisión por un delito de coacciones, con el agravante del carácter público del trabajo del agente. No obstante, como el condenado, de 35 años de edad, no tiene antecedentes penales, probablemente no ingresará en prisión, según fuentes judiciales.
El representante del Ministerio Fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito contra la integridad moral y otro de coacciones y citó el agravante del carácter público del trabajo del acusado, circunstancia que la juez ha tenido en cuenta a la hora de dictar sentencia. El fiscal solicitó un año y medio de prisión por el primer delito y 22 meses por el segundo.
La defensa pidió la absolución de su cliente o, como alternativa, en caso de que fuese condenado, como finalmente ha sucedido, que los hechos se calificasen como una falta de coacciones, no como un delito. Sin embargo, la juez no ha considerado la petición de la defensa. No obstante, la magistrada absuelve al policía del delito contra la integridad moral del que le acusaba el Ministerio Público.
El 7 de octubre de 2007 a las 0,15 horas el condenado se hallaba en Platja d´en Bossa, en una zona cercana a un conocido local de ocio en el que se concentran habitualmente un gran número de turistas. El agente tenía «un aspecto desaliñado» y parecía hallarse en «estado de embriaguez o bajo la influencia de alguna sustancia no determinada», según consta en el apartado de hechos probados de la sentencia.
En un «rincón oscuro» y en «actitud cariñosa y relajada propia de una pareja que se haya de vacaciones», según explica la juez, se encontraban un hombre y una mujer.
El policía, «de forma totalmente inopinada y muy agresiva», se dirigió a ellos, exhibió su placa profesional y les pidió que vaciasen sus bolsillos. La mujer respondió que ella también es funcionaria y que conocía sus derechos. El acusado se alteró todavía más y zarandeó al hombre, que le había dicho antes que «no le extrañaba que tuviese un ojo morado». La pareja huyó, regresó más tarde y ambos hablaron con el personal de seguridad del local, quienes les comentaron que el agente era conocido por haber provocado otros altercados, por lo que decidieron denunciar la situación.
La juez considera como «absurda» la declaración del agente en el juicio, que justificó su comportamiento porque la pareja «se estaba fumando un porro».