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HEMEROTECA » |
IBIZA | MARTA TORRES Algo más de 40 adolescentes recién llegados a los institutos de la isla se sientan (por inercia) las últimas filas del espacio, donde una pantalla de proyección tapa el marinero cuadro del Rey Juan Carlos. Animados por los cuatro profesores que les acompañan remolonean hasta sentarse delante. «Es la ONU», bromea Jordi Escandell, organizador de los tres días de visitas al Consell para estos alumnos de Secundaria que hace menos de dos años que han llegado a la isla. En la sala en estos momentos hay escolares de Marruecos, Filipinas, Corea, China, Senegal, Rumanía, Alemania, Ecuador y Venezuela. Los alumnos escuchan en silencio la «clase de Consell» (como le llaman algunos) que les imparte Marià Torres, conseller insular de Educación y Cultura. «Hablo en catalán porque es la lengua de aquí. ¿Todos la entendéis?», pregunta. Los alumnos afirman con la cabeza mientras siguen mascando chicle, trenzándose el pelo o (los que están en las últimas filas) ligando con compañeros de otros centros. Unos pocos hacen fotografías para para las páginas web y blogs de los institutos.
Algunas de las alumnas de religión musulmana, que llevan el velo, giran la cara o se la cubren con las manos al percatarse de los objetivos. Los alumnos dan un bote en las sillas cuando el conseller les dice que el presupuesto del Consell ronda los cien millones de euros y que casi la mitad se destinan a personal, unas 800 personas. «Haced cuentas a ver a cuánto sale cada trabajador», anima una de las profesoras. Un alumno filipino busca la calculadora en su móvil y al ver la cifra lo tiene claro: quiere ser funcionario. Sus compañeros se ríen mientras salen a toda velocidad de la sala de plenos para dirigirse a la quinta planta.
Seis ascensores después todos se dirigen a la sala de prensa, donde ninguno tiene ganas de preguntar nada al político. Una alumna confiesa en mitad del silencio que quiere ser periodista. Torres les anima a estudiar antes de comenzar el serpenteante recorrido por las cinco plantas del edificio. Durante los primeros metros los alumnos hablan del futuro. Un estudiante asiático confiesa que quiere ser informático y su amigo alemán, diseñador de juegos para videoconsolas. Algunas de las alumnas que se dirigen hacia el despacho del presidente del Consell, cuyo nombre muchos acaban de oír por primera vez, sueñan con estudiar Medicina, Arquitectura y hasta cocina. «Si puedo hacer una carrera seré la primera universitaria de la familia», afirma una alumna de Ecuador. Muchos de ellos dudan sobre el futuro. Algunos reconocen que no son muy buenos estudiantes y otros tienen dudas sobre si sus familias podrán pagarles los estudios.
En el despacho de Xico Tarrés les recibe la vicepresidenta, Patricia Abascal. «Tarrés está en una feria», justifica.
Y entonces empieza la peregrinación por cinco plantas de funcionarios, ordenadores y mesas. «Es un poco aburrido», susurran los alumnos que van a la zaga del grupo y que sólo se animan cuando la visita «al edificio de los trámites» vuelve de nuevo al salón de plenos, donde les están esperando unas bolsas con libros y música de las Pitiusas y una foto de grupo en el lugar que normalmente ocupan los políticos. Eso sí, todos se concentran en el centro y la parte de la derecha. «¿Nadie quiere ponerse en el lugar de la oposición?», pregunta Marià Torres. Y no. Se quedan a la derecha.
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