IBIZA | MARTA TORRES
«Así que conocéis más a Frankenstein que a Mary Shelley o a su madre, la mujer de la imagen, Mary Wollstonecraft, que fue una de las primeras feministas. Escribió ´Reivindicación de los derechos de la mujer´, en el que afirma que la mujer no es inferior al hombre y que las diferencias entre ambos sexos existen únicamente por la educación que reciben. Ésa fue la abuela de Frankenstein», afirma Lola Tena, del departamento de Estudios de la Mujer de la Universidad de Valencia. Es la primera conclusión que deja sobre las cabezas de los más de 50 alumnos del instituto Santa Maria que estrenan las conferencias para estudiantes organizadas por el Ayuntamiento de Ibiza con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Con las luces apagadas y entre un concierto de toses y susurros los alumnos contestan rápidos cuando la conferenciante les hace darle a los pedales de sus neuronas para recordar las dos revoluciones que surgen «paralelas» a los primeros movimientos feministas: «¡La revolución francesa y la revolución industrial!». Los gritos se producen poco antes de descubrir que los jacobinos «se olvidaron de incluir a las mujeres en su famoso lema ´libertad, igualdad, fraternidad´». «Eran propiedad del marido», afirma la historiadora, que muestra en la pantalla un grabado en el que se ve a Olympe de Gouges dirigiéndose al cadalso. «La guillotinaron por defender la igualdad de las mujeres respecto a los hombres», explica.
Tras pelearse unos instantes con el Power Point, Lola consigue mostrar a los estudiantes fotografías en blanco y negro de las primeras sufragistas británicas y norteamericanas. Dos mujeres de falda larga y moño que sujetan una pancarta en la que se lee ´Votes for women´ (´votos para la mujer´). Tres mujeres con gorro blanco, bolsa reivindicativa, bandera americana y abrigos hasta los pies. «Las estadounidenses pensaban que las mujeres eran superiores a los hombres porque no tenían vicios. De hecho, fueron las primeras en hablar de la violencia contra la mujer en casa y creían que estaba muy relacionada con la bebida, por lo que apoyaron la Ley Seca, pero el control del alcohol cayó en manos de los gángsters y el problema siguió igual», detalla Tena, que les pide que traduzcan la pancarta que diez mujeres enarbolan en una foto de mediados del siglo XIX. «Los labios que toquen el licor no deben tocar los nuestros», descifra una de las alumnas.
Tras pasar por las reivindicaciones de las trabajadoras de las fábricas británicas —«no todas las sufragistas eran burguesas»— la experta se detiene en John Stuart Mill y su pareja, Helen Taylor. «También ha habido hombres en la lucha feminista. Stuart Mill escribió ´La esclavitud femenina´, en la que afirma que las diferencias se basan en la educación», añade.
«¡Tenéis que repasar un poco la historia!», les dice con tono regañón cuando a los estudiantes les bailan las fechas de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la victoria de Adolf Hitler, la segunda República Española y hasta de la Gran Crisis. Algunos apenas pueden creerse, una vez puesta en orden la cronología, lo que les cuenta Lola Tena: «Durante la Primera Guerra Mundial las mujeres demostraron que eran capaces de todo. Con los hombres luchando, ellas sacaron adelante la economía del país. Hicieron todos los trabajos. Había mujeres mecánicas y dirigiendo fábricas. Luego se las culpó por haberles quitado el trabajo a los hombres». Frente a los ojos de los estudiantes aparecen, en blanco y negro, mujeres con mono, sentadas en el morro de una avioneta, vistiendo los primeros pantalones y levantando las piernas hasta las orejas al bailar charlestón. «El feminismo avanza, se acortan las faldas, se corta el pelo y desaparece el corsé, que oprimía el cuerpo femenino», comenta la conferenciante, que se sorprende de que los alumnos no conozcan a la sufragista española y diputada de la II República Clara Campoamor ni a la escritora Simone de Beauvoir. Algunos ponen las orejas en punta cuando escuchan el título del libro más famoso de quien fuera pareja de Jean Paul Sartre —«él ha pasado a la historia como filósofo y ella, sólo como feminista»—, ´El segundo sexo´.
Entre tanto ejemplo de feminismo se cuelan Doris Day y Rock Hudson, que a los adolescentes les suenan a chino y que Tena les presenta como el demonio de la lucha por la igualdad: «En sus películas reproducían los valores tradicionales y el modelo de mujer ama de casa pendiente de la familia». Los estudiantes se ríen al ver las imágenes de las mujeres quemando sujetadores y corsés durante las movilizaciones de los años 60 y algunos de los muchachos protestan porque sólo se habla de las manifestaciones de las mujeres en contra de la guerra de Vietnam. «Los hombres también se manifestaron, que yo lo he visto», se queja uno de ellos. «Pero siempre se habla de ellos y por eso hoy les prestamos atención a ellas», zanja Lola segundos antes de encender las luces y animarlos a comentar la situación actual de la mujer, su trabajo dentro y fuera de casa y si éste debe pagarse. Les cuesta hablar, pero al final, con más timidez que decisión, se atreven. Ellas consideran que sí, ellos preguntan que de dónde saldría ese dinero y casi todos coinciden en que lo mejor es repartir las tareas.
Un aplauso cierra la charla, que se repetirá las próximas semanas en todos los institutos del municipio. Mientras abandonan la sala con el encargo de ser la generación que rompa el techo de cristal («como Alicia en el país de las maravillas, que se come un pastel y no puede crecer más porque se choca con el techo», les explica Lola) se escuchan gritos y animadas discusiones sobre la guerra de sexos. Ahora que no hay oídos pendientes de ellos. «¡Pero si yo me hago la cama y todas las cosas en casa!». «Lo que pasa es que sois unos vagos y sólo hacéis las cosas de casa cuando os lo mandan». «Además, nosotras trabajamos en casa y en el trabajo, donde nos pagarán menos».