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IBIZA | LAURA FERRER ARAMBARRI ¿Cuántas posibilidades hay de que te sorprenda un terremoto estando de vacaciones? ¿Cuántas de que esto se suceda dos veces? ¿Y si sólo has hecho dos viajes al extranjero y en los dos tiembla la tierra? Esto es lo que muchos se preguntarán tras conocer la historia del ibicenco Evarist Torres, al que el terremoto de Chile le sorprendió el día antes de volver a casa tras unas vacaciones, y que diez años antes, en Grecia, pasó por una experiencia similar.
Iba a tomar el avión de vuelta a España el sábado pasado pero no pudo. El viernes 26 de madrugada, sobre las 3,35 (hora local), Torres estaba en la casa de un amigo en Viña Mar, cerca de Valparaíso (Chile), cuando la tierra comenzó a temblar. Celebraban la fiesta de despedida de él y una amiga, ya que al día siguiente viajaban a Palma, localidad en la que reside desde hace unos años, cuando todo se paralizó. «En un primer momento, cuando el piso de madera comenzó a temblar, no le dimos mucha importancia (aquí los temblores son habituales y de hecho ya habíamos pasado otro dos semanas antes), hasta que ya vimos que los movimientos eran cada vez más violentos», relata por medio del correo electrónico. La sacudida inicial duró aproximadamente un minuto, a la que siguieron varias réplicas importantes. «La casa era un apartamento de una planta con terraza, construido en madera y situado en la subida de un pequeño cerro, por lo cual en todo momento nos mantuvimos bastante tranquilos ya que era bastante improbable que allí nos pudiera pasar nada», añade el ibicenco vía correo electrónico ya que las comunicaciones telefónicas no funcionan bien estos días. Durante dos días ni siquiera pudo contactar con su familia y amigos.
«Simplemente salimos a la terraza –prosigue– y allí intentamos tranquilizar a una familia con niños que se alojaba en otra vivienda vecina y que acababan de llegar de Santiago». El ibicenco explica que, tras el temblor, la ciudad se quedó completamente a oscuras y comenzaron a escucharse algunas alarmas. «No fue hasta la mañana siguiente cuando comenzamos a darnos cuenta de lo que realmente había pasado», asegura Torres, que confirma que las réplicas se han ido sucediendo, hasta cuatro en un solo día como sucedió el miércoles pasado. «Te vas acostumbrando», asegura. Y lo dice con conocimiento de causa.
«Este es el segundo terremoto que vivo, el anterior fue en Atenas hace unos diez años [de 5,9 grados en la escala Richter] y aunque este ha sido mucho más fuerte [8,9 grados], me impresionó más el primero, quizás por esto mismo, porque fue el primero», relata Evarist. «Estaba con una amiga en un restaurante en el barrio de Plaka. Acabábamos de pedir cuando comenzó un estruendo desde el centro de la tierra. La primera impresión fue que se había venido abajo la Acrópolis, pero enseguida comenzó el movimiento de tierra y los vasos de agua empezaron a temblar», recuerda.
Ahora desde Chile, Evarist Torres explica que, aunque las ciudades de Viña del Mar y Valparaíso se encuentran a unos 700 kilómetros al norte del epicentro del terremoto, «bastaba dar un paseo al día siguiente del seísmo por la ciudad para constatar la magnitud de la catástrofe. Edificios con grandes grietas en la fachada, balcones caídos, grandes cristaleras de negocios en el suelo, pavimentos levantados, la mayoría de comercios cerrados... Las comunicaciones telefónicas con el extranjero eran imposibles, y también las comunicaciones en transporte público», relata, aunque confía en regresar hoy a Palma. «Los vuelos son los mínimos y están acomodando poco a poco a todas las personas con vuelos atrasados», asegura Torres.
A día de hoy la situación en el centro del país «está prácticamente normalizada a excepción de la capital, Santiago, donde aún hay algunos edificios en peligro de derrumbe o, como el pasado martes, cuando falsas alarmas de saqueos crearon alerta en algunos barrios», añade el pitiuso. «Caso aparte y especialmente trágico son las ciudades más afectadas, sobre todo Concepción. Por desgracia, no es la primera vez que este país pasa por esto», relata Evarist Torres, un gran aficionado a la fotografía que se trae en la maleta unas imágenes que no esperaba tomar.
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