PALMA | MATEU FERRER
Los equilibrios, las contradicciones y las peleas internas que desde siempre han caracterizado a Unió Mallorquina han aflorado más que nunca este fin de semana, tras el arresto policial de seis ex altos cargos en el Govern y la posterior destitución del resto.
Así, la nueva dirección –que con contadas excepciones ha cerrado filas con el presidente Josep Melià– se debate en estos momentos entre dos posturas encontradas: Una parte presiona al líder para que expulse del partido esta misma semana al concejal en Palma, Miquel Nadal, escenificando la ruptura con el pasado, mientras la otra aboga por dejar pasar un tiempo y centrarse en la venganza contra el PSOE por haber dejado sin trabajo a más de un centenar de cargos.
«Ahora lo importante es pasar página y recuperar la credibilidad. Para ello Melià tiene que echar de inmediato a Nadal, y trasladar a la ciudadanía que quiere empezar una nueva etapa donde la corrupción no tenga cabida». Es la reflexión meditada de un barón de la máxima confianza del presidente, quien lamenta que esta medida «implicará también dar de baja del partido al resto de afectados, como Joan Sastre o Antoni Oliver, aunque sus casos no tengan nada que ver con lo del otro», en alusión al edil. Este dirigente considera que «hay que aprovechar la adversidad para fortalecerse internamente, y crecer, luchando por la regeneración del partido.
Otro sector, también de la cúpula, prioriza el subir la moral de las bases, muy minada después de lo que ha acontecido. «Nuestra gente está muy mal, ven que el PSOE les ha metido a todos en el mismo saco, de un día para otro les deja sin trabajo y les señala a todos como corruptos». La dirección constata una creciente «sed de venganza» contra los socialistas, personalizada en Antich. Una parte de la cúpula ya maquina cómo «hacerlas pasar canutas a Antich, Armengol y compañía».