VICENTE VALERO
Primeros trabajos
«Todavía estaba cerca la época en que la gente había pasado hambre»
«Dejé el ejército y ocupé mi nueva plaza de letrado de la Cámara de Comercio. Su nombre era Cámara de Comercio de Palma de Mallorca, pero su ámbito de actuación era también Ibiza y Formentera. No así Menorca, que tenía la suya propia. En Ibiza había habido Cámara de comercio también, en los años veinte, pero los ibicencos habían renunciado a ella... Aunque todos los comerciantes habían seguido pagando su cuota, porque, a diferencia de otros países, era obligatorio ser socio. Pagaban la cuota pero no tenían ningún servicio... Hasta que don Manuel Verdera Ferrer logró que al menos hubiera aquí una delegación de la Cámara de Palma.
Todavía estando en el ejército, mi hermano Ernesto, Pep Berris y yo habíamos abierto una academia de enseñanza. El primer local que tuvimos fue un piso en la Plaza de la Constitución. Empezamos dando clases, allá por el año 1958 ó 1959, a los que querían estudiar magisterio, peritaje u oposiciones de banca. Tuvimos un éxito tan grande que decidimos ampliarlo a bachillerato. En poco tiempo llegamos a tener más de doscientos alumnos. Era militar por la mañana y por la tarde era profesor en la academia. El fin de semana hacía las guardias que no podía hacer entre semana.
Trabajábamos todos los días de la semana, sin vacaciones, por supuesto, y no nos parecía que fuéramos desgraciados, al contrario, considerábamos que teníamos una suerte extraordinaria. En aquella época trabajar mucho era la felicidad. El pluriempleo era normal y aceptábamos todos los trabajos que iban llegando. En los años 50 y 60, cuanto más trabajo teníamos más felices éramos.
Todavía estaba cerca la época en la que se había pasado hambre real, no ficticia. Es verdad que los años 40 fueron terribles, no sólo de hambre, sino también de miedo. El miedo continuó todavía en los años 50, miedo a volver atrás, a la situación de antes. Por eso, cuando empezó el turismo a generar riqueza, había gente que decía: «si esto se para, no habrá suficientes árboles para los que tendrán que ahorcarse».
Hubo una época en que yo daba clases, era letrado de la Cámara de Comercio, secretario de Fomento del Turismo... Bueno, no era una excepción, quiero decir que, si se podía, todo el mundo acumulaba varios trabajos, porque nadie estaba seguro de que fuera a durar mucho todo aquello».
Fomento de Turismo
«Había fe en lo que se hacía y compromiso en el servir»
«El Fomento de Turismo había sido una sociedad creada en los años 30, que todavía existía, pero que no hacía nada. Desde la Cámara de Comercio, la Delegación del Gobierno y la Oficina de turismo la volvimos a poner en marcha, hasta que llegó a ser una de las sociedades más importantes de la isla. Hoy en día está un poco neutralizada, injustamente, por razones políticas que, en mi opinión, no están justificadas.
No sé si se fomentaba mejor el turismo entonces o ahora. El turismo lo fomentaban sobre todo los propios hoteleros. No había una promoción técnica. Había una voluntad, muy inteligente, para que el turista que venía a la isla se fuera muy contento y volviera de nuevo.
Había fe en lo que se hacía y compromiso en el servir. Tal vez pudiera haber fallos en la profesionalidad pero las ganas de que los turistas estuvieran felices no las frenaban el hecho de que, a lo mejor, un camarero ponía un dedo en el plato o que se hicieran unos menús desequilibrados...
Esta gente hizo el turismo en Ibiza, eran personas que, en su mayoría, no tenían ni idea, pero que en sus pensiones, en sus pequeños hoteles, trabajaron con cariño, conscientes de que aquello llevaba riqueza a sus casas y había que conservarlo. Algún día habrá que reconocerles su trabajo.
Después empezamos también a hacer campañas más organizadas, pero la base siempre fue aquella voluntad privada, aquel trabajo. Y llegó un momento de suerte: la publicidad que se hacía de Evissa en el mundo a través de los hippies, una publicidad que nosotros no hubiéramos podido pagar.
Ya como alcalde, regulé que los hippies tuvieran un mercadillo en la calle Garijo y en la subida del Rastrillo. El Fomento de Turismo y el Ayuntamiento ayudaron a los hippies, de la misma manera que la presencia de éstos ayudaron a que Ibiza fuera más conocida en el mundo. Hablamos con ellos, porque tenían también sus líderes y portavoces, y pactamos para ayudarnos mutuamente. Fomentamos que vendieran sus productos en la calle, legalizando sus mercadillos y, a cambio, ellos seguían ofreciendo una imagen de Ibiza nueva y progresista, siempre dentro de un cierto orden, claro, al menos en las calles...
Y ahora contaré una anécdota. Recuerdo la visita del Rey a nuestra isla, cuando era Príncipe, durante mi etapa de alcalde. Por consejo de algunos, no diré por orden, tuve que decirles a los hippies que vendían en el Rastrillo que ese día no aparecieran por allí. Pero ocurrió que cuando tuvimos que pasar por allí mismo en nuestro recorrido, el Príncipe me dijo: «Alcalde, ¿donde están mis hippies?» No sé lo que contesté.
El Fomento de Turismo fue muy consciente del atractivo que tenía para el turismo el mundo de los hippies. En este sentido, creamos también la moda adlib, que de algún modo asumía un estilo libre y desenfadado, tan alejado de la ideología dominante y de la sociedad tradicional ibicenca. La moda adlib fue un invento de Smilja Mihailovich que sirvió también para incidir ante el mundo en la misma imagen de libertad que queríamos dar. El Fomento aceptó y acogió la idea y trabajamo por ella.
Por supuesto no éramos conscientes, sin embargo, de muchas otras cosas, menos amables, indeseables, que llegaron también con aquel ambiente de hippies. Y lo dice alguien que ha perdido a un hijo por culpa de la droga. Nunca pensamos que se podría llegar a lo que después se llegó.
Ibiza fue pionera también, por ejemplo, en el tema de las playas nudistas. De hecho, desde el Fomento solicitamos al Ministerio su legalización. La cuestión era convencerles de que todo lo que era bueno para atraer turistas a Ibiza era también bueno para el país. Intentamos conseguir el juego libre, crear un gran casino, cuando en España estaba prohibido el juego, pero no fue posible, no recuerdo exactamente por qué –pensábamos ubicarlo en la isla de las Ratas.
Buscábamos siempre aspectos que nos diferenciaran. Ya por entonces hubo un turismo de discoteca, piénsese en el KU o Pachá, como hoy, mayoritamiente joven, lo que nos enfrentaba a quienes preferían un turismo familiar, como el que venía al principio.
Se debatía mucho en las reunidones de Fomento, algunas directivas contradecían a las anteriores, pero siempre se buscó la conciliación, hacer compatible todas las propuestas.
Recuerdo reuniones en las que se discutía sobre lo que podíamos hacer en situaciones complicadas, como cuando España realizó, durante una temporada, una política agresiva en el tema de Gibraltar y, obviamente, nuestro turismo, siempre mayoritariamente inglés, podía resentirse. Bien, pues sobre estas cosas también se hablaba y se tomaban medidas.
Lógicamente, hay que valorar también iniciativas mucho más técnicas en el desarrollo turístico de la isla, como la apertura del aeropuerto al tráfico internacional, los vuelos charters, las agencias de viaje, el puerto.... La propaganda no es suficiente, si las infraestructuras no funcionan y los precios no se hacen asequibles.
El crecimiento turístico de la isla no fue gradual, sino que, en una década, se hizo una gran explosión de oferta».
Las primeras crisis
«Habría sido terrible si no se derriba a tiempo el Hotel Insula Augusta»
«El primer mazazo vino a principios de los 70 con la quiebra de una compañía inglesa, con un gran número de turistas que se quedaron aquí y que los hoteleros, por cierto, acogieron sin cobrarles hasta que se llegó a una solución.
Habría sido terrible también si no se hubiese solucionado a tiempo el problema que generó la construcción del Hotel Insula Augusta, fue un momento muy delicado. Más allá de quien tuviera o no razón, no podíamos admitir que se diera una situación en la que los pilotos ingleses se negaran a aterrizar, tal como habían decidido si seguía adelante la construcción del hotel, y convencieran a sus compañeros europeos para que hicieran lo mismo.
Aquello sí que hubiera sido la ruina. Estábamos en noviembre y todavía no se había decidido nada al respecto y no había reservas para el verano. Había mucho nerviosismo. El Fomento convocó reuniones, que fueron masivas, para tomar decisiones sobre este tema. La decisión fue clara y formulada de manera muy fina: «revocar los obstáculos que puedan impedir la libre circulación de los aviones de todas las compañías en el aeropuerto de Ibiza». En fin, para no decir «que se derribe el hotel de Matutes». Hay que decir, por otra parte, que Matutes se comportó con elegancia. No interfirió en aquellas decisiones. También la Cámara de Comercio se manifestó al respecto en el mismo sentido. Incluso el Ayuntamiento presentó una moción para que derribaran el hotel, siendo Matutes el alcalde, que estuvo presente pero no intervino. Creo que fue el 4 de febrero de 1971 cuando por fin derribaron el hotel.
No tengo claro si fuimos demasiado lejos o no en el crecimiento turístico. En aquellos años, por ejemplo, veíamos con agrado que se construyeran hoteles en los que el turista pudiera bajar de la habitación y encontrarse directamente en la playa. Ahora nos hemos dado cuenta de que esto se podría haber hecho de otra manera... Atendíamos sobre todo a lo que nos decían los touroperadores que durante tanto tiempo han mandado. Ellos tenían el contacto con el cliente y nos decían qué era lo que el cliente quería. Los hoteleros no iba a buscar a sus clientes, no sabían nada de ellos, confiaban plenamente en los touroperadores. Ellos, además, cofinanciaron muchísimos hoteles.
Se hicieron muchas cosas mal, por supuesto que sí. Si se hubieran podido hacer las cosas con la frialdad de un despacho con ingenieros, ecologistas, políticos, etcétera. Pero lo cierto es que eso tampoco sería garantía de que Ibiza hubiera prosperado como lo ha hecho en estas décadas. ¿Qué pasará dentro de 50 años? ¿Hemos consumido para nuestros nietos parte del potencial de la isla? Pues los que vivan dentro de 50 años que lo digan. Profetas, los de antes de Jesucristo».