IBIZA | ALBERTO FERRER
Pablo Díez es el coordinador de ALAS en Ibiza desde hace dos meses. La ONG, una de las más veteranas de todo el Estado en este ámbito, surgió para dar apoyo a las personas con VIH cuando estas tres letras eran un estigma insuperable.
—¿Qué trabajo desarrolla ALAS en Ibiza?
—Intentamos dar una buena acogida a las personas que vienen a nosotros buscando ayuda, informándoles sobre todos los aspectos del VIH y las dudas que puedan tener, derivándoles a los servicios jurídicos o legales o aconsejándoles sobre tratamiento. También prestamos especial atención al apoyo psico-social que puedan necesitar y organizamos, junto a los socios y voluntarios, Café Positivo, unos grupos de autoayuda guiados por una psicóloga. Además, estamos dando apoyo a las propias actividades de los socios en terapias complementarias como el reiki. En el área de prevención, que consideramos muy importante, nuestro mensaje es prevenir el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS) a través de hábitos sexuales responsables; esto implica un buen uso del preservativo como complemento de la sexualidad, no como algo que ´corta el rollo´.
—¿A quién se dirigen con la prevención?
—Trabajamos en los institutos con jóvenes de entre 13 y 18 años. Pero no le puedes hablar a un chaval de 13 directamente de sida sin tratar antes la educación sexual afectiva y las relaciones personales. Intentamos adaptar los contenidos a cada edad. En este ámbito, tenemos una iniciativa muy interesante que es el Dance4life, un proyecto que se llevó a cabo en 2008 en Ibiza y que fue un éxito. Este año coordinamos su expansión a Barcelona y Santander.
—¿En qué consiste?
—Es un gran reto para nosotros. Se trata de motivar a los jóvenes desde lo emocional, de involucrarles y hacer que sientan que el sida es un problema que tenemos que solucionar todos. Presenta a los jóvenes como parte de la solución, les da una responsabilidad y les motiva a cambiar su entorno, su comunidad o actuar a nivel internacional. Hasta 2014, se espera movilizar a un millón de jóvenes de todo el mundo para luchar contra el VIH. Esta iniciativa está presente en 25 países y en España vamos a hacerlo con mucha fuerza. Habrá un gran evento conectando a todo el mundo vía satélite el 27 de noviembre en el que los jóvenes estarán bailando y mostrando al mundo que están ahí para combatir el sida. Recuerda la energía que tenías con 14 años; si a eso le sumas herramientas y habilidades sociales, puede ser maravilloso.
—¿Con qué otros colectivos trabajan?
—Con el centro penitenciario de Ibiza, con el que tenemos una buena colaboración, para hacer talleres de prevención de VIH y sexualidad en prisión. Otro punto importante es la atención a profesionales del sexo, a los que repartimos preservativos y lubricantes –también el preservativo femenino–. Les damos información sobre cómo protegerse y, por la naturaleza de su trabajo, les motivamos para que se hagan el test del VIH y revisiones ginecológicas. Esto está teniendo bastante éxito. No se puede cerrar los ojos a una importante realidad en Ibiza.
—¿Llevan tiempo con ello?
—Dos años y queremos seguir profundizando para que ellos mismos hagan esa prevención. Es un colectivo que tiene mucha movilidad y resulta complicado. Este año queremos darle fuerza al proyecto.
—¿Vienen muchos?
—Entre 200 y 250 en 2009, que es un buen número, tanto hombres como mujeres. El proyecto se financia a través del Consell Insular y el Ayuntamiento de Ibiza. Gracias a ellos también se da una cobertura sociosanitaria de prevención a colectivos a los que es muy difícil llegar de otra manera: no irán a una oficina de la Administración ni a los servicios sanitarios.
—También realizan ´tests´ de sida.
—Está teniendo bastante éxito. Se hacen los lunes cada dos semanas y colaboran varias enfermeras. Ofrecemos consejo antes y después de la prueba, que en 20 minutos da el resultado. Preparamos para un posible positivo y aprovechamos para hacer prevención. La gente encuentra un clima de complicidad y anonimato absoluto, por eso se siente bien. Animo a todo el mundo a que venga y nos llame, serán siempre bienvenidos.
—¿La prueba es eficaz?
—Detecta los anticuerpos del virus, cómo reacciona el organismo. Para que sea eficaz deben haber pasado tres meses de la última conducta sexual de riesgo. Es el periodo de ventana, como se denomina, en el que se pueden estar creando anticuerpos pero no se detectan.
—¿Cómo reaccionan los positivos?
—Es un shock porque uno se imagina lo peor. Nosotros hacemos de colchón y le ponemos los pies en la tierra para que vea las opciones que tiene. Damos apoyo emocional, psicológico y derivamos a los servicios sanitarios para empezar a cuidarse. Muchos seropositivos detectados aquí siguen con nosotros como voluntarios, dando un poco la cara. Esto es importante en un sitio pequeño como Ibiza, donde da mucho miedo admitirlo. El primer paso es aceptar que uno tiene VIH y que el mundo no se acaba.
—¿El hecho de que la enfermedad se haya cronificado influye en cómo recibe la noticia un nuevo positivo?
—Antes no había ni acceso a tratamientos, que eran muy salvajes. Ahora el enfermo puede tener una vida normal, aunque cuidándose. Esto puede haber hecho perderle el miedo, pero el golpe psicológico siempre es fuerte. Los miedos sobre el futuro, a las relaciones, si podrá tener hijos o no, si se lo dirá a la pareja, si ésta también lo tendrá... Hay un montón de miedos muy particulares y el impacto es diferente en cada persona.
—¿Cuántos positivos dieron en 2009?
—Alrededor del 10 por ciento en unas 120 pruebas. Pero no es extrapolable a nada, porque hay que tener en cuenta que la gente viene aquí después de un contacto de riesgo. De todas formas, Balears sigue siendo la comunidad líder en incidencia, con 55 casos por millón de habitantes. En Ibiza, por esa manera particular que tiene de vivirse en la isla, con tanto flujo de jóvenes en verano, ocio, diversión y drogas, es fácil caer en conductas de riesgo. Aquí no hay estudios de la tasa de contagio, pero es un sitio perfecto para que el virus venga y se vaya a Europa.
—¿Hemos bajado la guardia?
—Bastante. La percepción de riesgo ha bajado. Podemos saber que esto ha pasado por indicadores secundarios como el aumento de contagios de ETS, que es lo que está sucediendo en Inglaterra, España o Grecia. Esto muestra que no se toman precauciones. No hay que ser alarmista sino realista: hay que protegerse y no perder la cabeza. A veces las mujeres delegan demasiado en los hombres: ellas tienen el preservativo pero se lo dan a él para que se lo ponga. No, ponlo tú; protégete.
—¿Por qué ha pasado esto? ¿Hay algo de sumisión en la pareja?
—Es un tema complejo pero cuando las relaciones se realizan de manera desprotegida es porque dos personas lo deciden. Creo que hay una parte de ignorancia sobre los riesgos y otra de confianza en el otro y en uno mismo. Normalmente piensas que quien está contigo no te va a contagiar, pero no lo sabes, también puedes ser tú el que contagie y no saberlo. Es un ejercicio de responsabilidad y de dejarse de roles. La mujer piensa más en el preservativo para evitar un embarazo no deseado, pero también está el preservativo femenino, que es un gran desconocido. Es una labor de educación del condón, de incorporarlo a las relaciones, de usarlo de una manera atractiva y no como un corte al sexo, que es una percepción que existe bastante en España. La sexualidad es muy amplia y caben muchas cosas. El preservativo hay que incorporarlo sobre todo en las relaciones ocasionales o cuando no se tiene pareja estable.
—¿Qué volumen de contagios se producen por esto?
—En España, la mayoría de contagios son entre gente heterosexual de 25 a 40 años que ha tenido relaciones desprotegidas. En los años 80 eran los consumidores de drogas inyectables, pero este perfil ya no está. También puede haber un pequeño repunte de relaciones entre hombres, pero el colectivo gay también está muy concienciado y se cuida cada vez más. Ahora, la franja más propicia es la heterosexual, los contactos entre jóvenes. En este aspecto, Ibiza es un marco ideal, porque las relaciones surgen en la noche. Esto hay que prevenirlo en el sitio y por eso vamos a las discotecas a repartir preservativos.
—¿Cuántos preservativos ha repartido ALAS?
—Como 80.000 en 2009. Apostamos por una cultura del condón casi gratuito, para hacerlo accesible. Tanto en bares de ocio como en tiendas y en la calle, especialmente para los jóvenes que a veces no tienen la solvencia económica ni la previsión de llevarlos. El uso del preservativo es un bien público. La idea es que entre en los hábitos de la población y eso sólo se logra con un reparto masivo y mucha educación.
—¿Cuándo se produjo la última muerte por Sida en Ibiza?
—La mortalidad ha bajado porque se ha alargado la esperanza de vida con los tratamientos retrovirales. Esto implica a mucha gente, con unos servicios sanitarios especializados y caros. En Balears se gastan alrededor de 20 millones de euros en tratamientos al año.
—¿El estigma todavía es fuerte?
—No tanto, pero todavía existe. Este año hemos tenido dos casos de despidos improcedentes a personas seropositivas, pero afortunadamente en España tenemos una ley contra esta discriminación. Aún falta por cambiar la idea de que una persona con VIH es alguien demacrado. No, son grandes personas, profesionales en todas las áreas: mucha gente se sorprendería de saber a quién tiene de vecino o compañero de trabajo. Esta gente decide no decirlo para facilitarse la vida.
—De manera muy mayoritaria.
—Lo entiendo y lo respeto. Pero también es importante que haya gente que asuma públicamente que tiene VIH porque eso ayudaría a romper el estigma que existe. No se trata de ir poniendo pancartas, pero es una labor educativa y fruto de una decisión personal.