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SANT ANTONI | PEP RIBAS Un taller mecánico, un vivero de plantas, una tienda de recambios y una herrería son los negocios que quedan abiertos en el tramo de la carretera de Sant Antoni a Vila que permanece cerrado a consecuencia de las obras de construcción del gasoducto de Endesa. Todos ellos se manifiestan especialmente afectados por esta situación, que dificulta el acceso de sus clientes, por lo que sus cajas se están resintiendo considerablemente. Por iniciativa de uno de estos afectados, el director del garaje Michel, han buscado asesoramiento legal y están estudiando la posibilidad de reclamar al Gobierno central algún tipo de indemnización por las pérdidas.
«Mi negocio se va directamente a la ruina», señala Michel Mousset, en referencia a su taller de mecánica, en el que asegura que durante más de una semana, desde que se cerró la carretera, ha recibido a un solo cliente y ha hecho una caja de 15 euros. No obstante, entre alquiler, seguros, amortizaciones y otros gastos, tiene que afrontar entre 6.000 y 7.000 euros de gastos todos los meses.
Debido a esta situación, ha tenido que prescindir de su único empleado, que ha ido a engrosar las filas del paro, y teme que su taller será otra más de las empresas que se ven obligadas a cerrar.
Aviso mediante anuncio público
Las obras de construcción del gasoducto de Endesa, que conducirán el gas natural desde Cala Gració hasta Vila, se iniciaron a principios de diciembre, pero fue pocos días antes de Navidad cuando los comercios del tramo de ses Alameres empezaron a enterarse de que iban a cerrar la carretera para la realización de estos trabajos.
Los propios afectados aseguran que en ningún momento fueron avisados personalmente de este cierre, sino que las primeras noticias las tuvieron de forma indirecta por alguno de los trabajadores, o bien por los anuncios de prensa que publicó el departamento de Carreteras del Consell Insular. Inicialmente se había anunciado el cierre para antes de Navidad, y después se retrasó, debido a que se tuvo que realizar la señalización del Camí de sa Vorera, que es la ruta alternativa, de forma que no se hizo efectivo hasta el pasado 26 de enero.
«Lo lógico habría sido que nos avisasen con tiempo, para planificar las vacaciones para el mes de febrero –comenta Michel Mousset–, pero casi todos habíamos cerrado para las fiestas de Navidad, ¿cómo vamos a cerrar otra vez un mes después? Tenemos unos gastos que hay que pagar».
El mecánico lamenta que ya cuando se cerró el mismo tramo para la construcción de la autovía perdió la mitad de sus clientes, con la salvedad de que en aquella ocasión no se llegó a cerrar por completo el tráfico, dado que se había dejado un carril para la circulación. En las actuales circunstancias la zanja se construye por el centro de la calzada con el fin de preservar los viejos álamos de la zona, por lo que el desarrollo de las obras no permite el paso de más vehículos, salvo en casos de urgencia.
Así pues, en los dos extremos en los que se ha situado el cierre se ha instalado un gran cartel que avisa de que solamente se permite el paso a vehículos autorizados y un vigilante jurado se ocupa de evitar que nadie pase. Para ir a alguno de los negocios que están abiertos se permite la entrada, pero según Cristina Ribas, propietaria del vivero Ses Alameres, «al ver el cartel muchos pasan de largo, ya que en la rotonda no se pueden parar».
Un coche empujado por la acera
Aunque, en teoría, los clientes de los establecimientos de la zona tienen derecho a pasar con sus vehículos, las características de las obras no lo permiten durante buena parte del tiempo. De esta forma, el pasado lunes una grúa que se dirigía al garaje Michel transportando un vehículo averiado, tuvo que dejarlo en la rotonda y se tuvo que empujar el coche por la acera unos trescientos metros para llegar al taller.
El vivero Ses Alameres, con acceso desde la carretera, pero algo retirado de la misma, es uno de los negocios menos afectados por las obras, dado que ha podido abrir un acceso alternativo desde la ronda Norte. No obstante, el cierre de la vía está disuadiendo a muchos clientes y las ventas han caído en picado, asegura Cristina Ribas.
Los vehículos que sean autorizados a circular por el tramo cerrado, no obstante, si se encuentran a un camión cargando o descargando en medio de la carretera, junto a la zanja, deberán esperar a que se retire para continuar su camino. Esto sucede con frecuencia y entre los más afectados están los coches de la Policía Local y las furgonetas de Autorrecambios Ros, que habitualmente sirven material a los talleres mecánicos.
«Son encargos que siempre se hacen con mucha prisa, porque los mecánicos están trabajando y cobran por horas. Pues bien, cuando nos toca parar detrás de un camión de la obra siempre perdemos como mínimo un cuarto de hora», señala Manolo Pulido, dependiente de ese comercio. Se trata de uno de los que habitualmente registran más movimiento de esta zona, no sólo por su relación con los talleres mecánicos, sino por los numerosos particulares que acuden en busca de piezas para sus vehículos.
Son este tipo de clientes los que han dejado de asistir con el cierre de la carretera. «Ahora mismo estamos haciendo menos de la mitad de la caja que hacíamos antes de las obras», señala Pulido, quien agrega que algunos de sus clientes dejan el coche en la rotonda y llegan andando.
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