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HEMEROTECA » |
MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ En los tiempos agitados que le tocó vivir (1811-1872), Francisco Palau i Quer fue un personaje significado que, salvando su auto-exilio francés y sus viajes a Roma, tuvo su principal escenario en Cataluña y Baleares o, para ser más exactos, en Barcelona y en Ibiza. En todos los lugares que vivió se hizo notar desde el primer momento y en todos ellos se creó, en número ingente, tantos seguidores como detractores. Era un personaje de fuertes contrastes que pasaba de la más estricta vida eremítica en ermitas y cuevas a la incansable y enfebrecida predicación por ciudades y pueblos. Y el resultado siempre era el mismo: por lo que hacía, por lo que decía y por cómo lo decía, en ningún caso pasaba inadvertido y a nadie dejaba indiferente. En Ibiza recaló por casualidad, confinado por motivos políticos.
Fue, por tanto, una estancia circunstancial y obligada de sólo 6 años (1854-1860) que pasó recluido en es Cubells, un rincón apartado del noroeste de la isla que, luego, hasta el momento de su muerte en 1872, no dejó de visitar. A Ibiza venía una y otra vez por necesidad, buscando el triple aislamiento que le proporcionaba la isla, el que tenía en la ermita que construyó en el acantilado de es Cubells y el del incomparable retiro que conseguía en su refugio de es Vedrà, una cueva en un islote imponente de casi 400 metros de altura, a poco más de una milla del litoral ibicenco. Allí descansaba, meditaba, soñaba, escribía, planificaba y se cargaba de energía para sacar adelante sus misiones y proyectos. Por eso podemos decir que la vida del padre Palau no se entiende si la desvinculamos de Ibiza.
Cuatro datos escuetos pueden descubrirnos la relevancia que en su momento alcanzó el padre Palau, una significación que, paradójicamente, se dio siempre en paralelo a la ´mala fama´ que tuvo casi siempre entre los estamentos civiles oficiales. En 1951 crea en Barcelona la ´Escuela de la Virtud´, modelo de enseñanza catequética para adultos que enseguida se desdobla en una cátedra de enseñanza superior religiosa y que tiene un gran impacto en los medios culturales, religiosos, sociales y políticos catalanes. Acuden a sus aulas más de 2.000 personas, mayoritariamente obreros, hecho que crea una alarma creciente en las ´fuerzas vivas´ y que la prensa sectaria airea y caldea no sólo en Barcelona, sino también en Madrid y en otras ciudades. La situación está clara: los sectores anticlericales y revolucionarios ven un rival en el padre Palau y se niegan a perder terreno entre las clases proletarias del cinturón industrial barcelonés, razón de que le acusen de ejercer una actividad política reaccionaria. Las invectivas y denuncias se multiplican y llega un momento en que la situación es insostenible. Se resuelve con la clausura de la ´Escuela´ y, después de dar por dos veces con sus huesos en la cárcel, el padre Palau es confinado en Ibiza.
Un segundo aspecto que descubre la talla del personaje está en sus escritos que, por su extensión y dispersión, merecen capítulo aparte. Por el momento, baste recordar que los Textos Palautianos publicados hasta el día de hoy van ya por el octavo volumen. Y un tercer aspecto a destacar sería su obra misional, intensa y extensa pues la ejerció en cuantos lugares visitó durante toda su vida. Sus sermones en Barcelona y en Ibiza dejaron una huella que perduró, y algunas reseñas de prensa explican que abarrotaba las iglesias y que la gente se conmocionaba y lloraba al oírle. Cuantificar sus misiones no tiene mayor interés, pero sí lo tiene subrayar la naturaleza exaltada de su verbo que, por su misma oralidad y al no dejar otra noticia que alguna nota de prensa, sólo cabe intuir. Hoy no podemos saber qué decía ni cómo lo decía, pero es evidente que, para provocar la convulsión colectiva que conseguía, sus contenidos tuvieron que ser necesariamente concretos y acerados, su puesta en escena impactante y su voz vehemente y tronante, porque, siendo duro de oído, levantaría la voz con facilidad. Y para acabar, no podemos olvidar que, al final de su vida, consiguió lo que ansiaba, la fundación de la Orden Terciaria de Carmelitas Descalzos y Carmelitas Misioneras. Es obligado acabar con el reconocimiento que la Iglesia hizo de su ´santidad´, un proceso que arrancó en Tarragona en 1947 y que cerró su beatificación el 24 de abril de 1988.
Estos son, en resumidas cuentas, simplificando mucho, algunos de los méritos del padre Palau, al que, a pesar de su relevancia, estamos muy lejos de mitificar. Como tantos otros personajes supuestamente ´ejemplares´ a los que la Iglesia da el hiperbólico título de santos, el padre Palau tuvo no pocas contradicciones, algunos aciertos y otros tantos errores. De estos últimos y de los aspectos menos agraciados de su personalidad y de su vida hablaremos en otro momento.
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